El cupo femenino podría desembarcar en el mundo empresario, paradójicamente de la mano de un referente sindical. Facundo Moyano logró que el Congreso se avenga al debate de un proyecto que impone la presencia de mujeres en las negociaciones colectivas.

La iniciativa del diputado massista obtuvo el respaldo unánime de la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara baja, primer mojón del camino que lo llevará hacia su tratamiento en el recinto.

El proyecto se fundamenta en lo que se conoce como "discriminación positiva" y que ya se impuso en el año 1991 en las listas partidarias de candidatos para cargos electivos.

Moyano consideró que así como los políticos se adecuaron a los nuevos tiempos, lo mismo deberían hacer las cámaras empresarias a la hora de sentarse con los gremios a negociar las paritarias.

En ese sentido, el texto que el legislador busca convertir en ley establece que al menos un 30% de los delegados patronales deben ser mujeres. Eso modificaría la histórica impronta machista del sector, cuya representación nunca estuvo regulada.

Facundo Moyano aplaude durante una reunión de sindicalistas (NA)

Distinta es la situación de los sindicatos, que de acuerdo a la ley 25.674 ya están obligados a dar a las trabajadoras una participación en las paritarias. ¿Qué tipo de participación? Proporcional al número que representen en una rama o actividad, algo que, por cierto, no siempre se cumple.

¿Por qué en los gremios se estableció una participación proporcional y no un piso del 30% como busca imponer Moyano en las empresas? La respuesta es sencilla: porque hay actividades en las que la presencia femenina es ínfima, como sucede en la construcción o en el transporte.

En cambio, hay otras organizaciones donde el número de mujeres es mayor. El sindicato de peajes, que condujo Moyano hasta principios de año, cuenta con un 40% de trabajadoras y tiene a una de ellas, Marina Esquivel, en la secretaría general adjunta.

La CGT, de todos modos, no es el mejor ejemplo en materia de paridad de género. Solo dos mujeres integran su consejo directivo: la titular del sindicato de modelos, Noemí Ruiz, y la representante de la asociación de médicos, Sandra Maiorano.

Carlos Acuña, Héctor Daer y Juan Carlos Schmidt, líderes de la CGT (Nicolás Stulberg)

Es cierto que los dirigentes podrían excusarse en que la central obrera, como asociación de tercer grado, no es la que se sienta a negociar paritarias sino que eso es potestad de cada gremio. Pero también es cierto que participa de otras tratativas donde nunca es representada por una mujer. ¿Algún ejemplo? El Consejo del Salario, un órgano tripartito del que participan sindicalistas, empresarios y funcionarios del gobierno.

Si bien el proyecto de Moyano promete generar polémica en el sector patronal, los 14 diputados que lo abordaron en la Comisión de Legislación Laboral lo terminaron avalando.

Ese día hubo 17 ausencias, aunque no por eso faltó diversidad en la representación partidaria: además del propio Moyano, estuvieron los peronistas de extracción sindical Aberto Roberti y Héctor Daer; la massista Carla Pitiot; los kirchneristas Walter Santillán, Jorge Barreto y Lucila de Ponti; los radicales Gabriela Albornoz y Luis Borsani; los oficialistas Eduardo Conesa, Lucas Incicco, Cornelia Schmidt Liermann y Daniel Lipovetzky, y el referente del fueguino Movimiento Solidario Popular Oscar Martínez.

La iniciativa, una de casi el centenar que presentó Moyano en el último año, invita al empresariado a ponerse a tono con lo establecido en numerosos tratados internacionales, que entienden "la discriminación contra la mujer como una de las violaciones a los derechos humanos más generalizada".

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