El Presidente enfrentará en 2018 el díficil objetivo de consolidar la reactivación de la economía y de lograr reformas estructurales en lo laboral, impositivo y previsional

La larga historia de la economía argentina muestra la repetición de crisis sistémicas cada 7 a 10 años, por múltiples causas internas, políticas y económicas; como externas a través de fenómenos puntuales, o de volatilidad de los precios de las materias primas que más exporta el país al resto del mundo.

Y en muchos casos, en particular, desde los 60, cada vez que gobernó una corriente no peronista, como los casos de Arturo Illia, Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa, las presiones internas desestabilizantes provocaron que no pudieran completar el mandato constitucional.

Ahora se está frente a un escenario parecido, aunque no tanto, porque muchos en el Gobierno provienen de la corriente peronista, aunque algunos ya llevan 18 años en el PRO. Y tiene en común con los presidentes mencionados precedentemente que no llegó al poder de la mano del voto peronista, y que, salvo el caso de De la Rúa que no supo enfrentar una crisis de la Alianza en medio de una fuerte depresión de los precios internacionales, se prepara para su tercer año de gestión, luego de un período previo hacia la normalización institucional y macroeconómica.

Y si bien entre las pautas del Presupuesto 2018 el Gobierno se fijó como objetivos avanzar con la desinflación; la baja del déficit fiscal; el impulso de las inversiones en obras de infraestructura y consolidar una presencia de peso en el concierto internacional, mientras que como anuncios preliminares manifestó el propósito de buscar consensos para encarar sendas reformas tributarias, laborales, y relaciones con las provincias, manteniendo el gradualismo como estrategia clave sobre los reclamos de acciones de shock de algunas corrientes de opinión, muchas veces ocurre que la realidad supera las previsiones, en sentido positivo y negativo, según la variable de que se trate.

De ahí que una guía sobre lo que puede ocurrir en el tercer año de Gobierno puede ser ver cómo fue el desempeño de la macroeconomía desde la vuelta de la democracia, en 1983, de quienes llegaron a esa instancia.

Una guía sobre lo que puede ocurrir en el tercer año de Gobierno puede ser el desempeño desde la vuelta de la democracia, en 1983, de quienes llegaron a esa instancia

Raúl Alfonsín 1983 -1989

En 1986 el PBI se reactivó fuertemente; se desaceleró al mínimo el déficit fiscal tras el impacto del efímero Plan Austral de estabilización que posibilitó con el desagio, esto es el quiebre de los movimientos inerciales de los precios, recortar a menos de la quinta parte la tasa de inflación, de 385% a 82%, pero no pudo evitar que se debilitara el resultado de la balanza comercial y con ello se quebrara la recuperación de las reservas del BCRA; al parecer afectado por la caída de los precios internacionales de las materias primas; mejoró la monetización y se redujo el desempleo de 6,1% a 5,5% de la oferta laboral. La resistencia a encarar un profundo ajuste fiscal, en particular en las empresas públicas que se habían convertido en bolsones de empleos improductivos y por tanto muy onerosos, no solo debilitaron rápidamente el plan de estabilización, sino que derivaron en un deterioro político que llevó a la renuncia anticipada y alternancia con un presidente de otro partido.

Carlos Menem 1989-1995

En 1992 se consolidó la reactivación de la economía, luego de la hiperinflación y de la mano de un régimen que restó grados de libertad a la política monetaria, como fue la convertibilidad, pero que fue clave para que la tasa de inflación también se redujera a la quinta parte, como con el gobierno anterior, de 84% a 17,5%; la balanza comercial se tornó negativa, por virtual estancamiento de las exportaciones y fuerte empinamiento de las importaciones, tanto de bienes de consumo como de inversión, con el cambio de escenario; con precios de las materias primas favorables en unos casos, pero deteriorados en otros; se consolida la acumulación de reservas y la bancarización del sistema, con aumento de depósitos y préstamos en pesos y dólares; el desempleo sube a poco más de un punto porcentual a 9,6% por una suba más fuerte de la oferta de trabajadores que tuvo el empleo, en ambos a tasas muy superiores al crecimiento vegetativo de la población.

Carlos Menem 1995-1999

Después de un ciclo largo con crecimiento, salvo el quiebre del Tequila, en 1998 el PBI atenúa la tasa de expansión, como consecuencia en el inicio de la faz recesiva que se inició en el segundo semestre; al agotarse los efectos de la convertibilidad fija entre el peso y el dólar, tras el cambio de ministro de Economía; y no estar preparada la infraestructura fabril y agropecuaria para soportar el derrumbe de los precios internacionales de las materias primas; se mantiene el déficit fiscal en 1,4% del PBI; como la inflación por debajo de 1% al año; pero se agudiza el desequilibrio de la balanza comercial a casi USD 5.000 millones y la deuda pública reafirma el ciclo ascendente a un ritmo similar al del rojo de las finanzas públicas. Por el contrario se sostiene la monetización y baja levemente la tasa de desempleo, aunque persiste en el rango de dos dígitos, a 14,4% de la oferta laboral. Esos movimientos se agudizaron el año siguiente y derivaron en una nueva alternancia con una alianza política que también se resistió a encarar reformas profundas como había propuesto el fugaz ministro de Economía Ricardo López Murphy.

Néstor Kirchner 2003-2007

En 2006, con un escenario internacional que generó un inusual viento de cola, con precios que en algunos casos se ubicaron entre los más altos en más de dos décadas, se consolida el crecimiento del PBI a una tasa cercana a los dos dígitos porcentuales, y el superávit fiscal y la inflación desciende al rango de un dígito, luego de haberse duplicado el año previo; el superávit de la balanza comercial crece hasta superar los USD 10.000 millones; y el desempleo baja en un punto, a 8,3% de la población económicamente activa.

Cristina Elizabeth Kirchner 2007-2011

En 2010, el año previo al discurso del "vamos por todo" y luego de la crisis financiera internacional de las hipotecas y sus derivados, se recupera el impulso la economía con un aumento estadístico de 9,2%, en un contexto de virtual intervención del Indec que hizo que, al subestimar la inflación, sobreestimara la expansión del PBI, se desaceleró el superávit de la balanza comercial, se potenció el aumento de la deuda pública, y el desempleo, también cuestionado por consultoras privadas y especialistas de universidades también privadas, descendió de 8,4% a 7,6%. Con esos atributos estadísticos se afirmó el camino hacia un segundo mandato presidencial.

Cristina Elizabeth Kirchner 2011-2015

El atraso cambiario acumulado desde la intervención de hecho del Indec a partir de 2008 para disimular la escalada de la inflación no pudo sostenerse por los severos perjuicios que estaba generando a la economía en su conjunto y llevó en 2014 a comenzar con una brusca devaluación, pero sin un plan de estabilización de precios, ni de apertura comercial. El resultado fue el empinamiento de la inflación; la caída del PBI; junto con el aumento del déficit fiscal. Y pese a una leve baja de los precios internacionales de las materias primas, se duplicó el superávit de la balanza comercial, aunque con sendas contracciones de más del 10% del valor de las exportaciones e importaciones. Pero la carencia de un plan consistente de achicamiento del Estado y baja de la presión tributaria, derivaron en un acelerado debilitamiento político que provocó una nueva alternancia en el poder, ahora a manos de una nueva Alianza, entre el PRO, la UCR, la Coalición Cívica, y otros aliados menores, liderados por Mauricio Macri.

Señal de alerta

Un común denominador que tuvieron los ex presidentes Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Cristina Kirchner, estos dos últimos en su segundo mandato, fue que enfrentaron en el tercer año de gestión un deterioro de los precios internacionales de las materias y que en los tres casos, al fin del período no pudieron entregar al fin del ciclo constitucional el paso de mando a un gobierno del mismo signo político, porque se resistieron a encarar reformas estructurales, particularmente en el plano fiscal, que contribuyeran a generar certidumbre y reducción del alto costo argentino para competir con el resto del mundo, claves para crear empleos de calidad.

Naturalmente, ahora no está claro qué puede ocurrir en un año en que en los EEUU cambiará el presidente de la Reserva Federal, el equivalente al Banco Central de la Argentina, que se prevé será tentado por el gobierno de Donald Trump a que endurezca la política monetaría.

En el tercer año de los gobiernos de Raúl Alfonsín y del segundo mandato de Carlos Menem y de Cristina Fernández de Kirchner, se registró una caída de los precios internacionales de las materias primas, y ambos dieron lugar al final de su ciclo al cambio de signo político

De ahí que si bien los inversores y máximos representantes de los organismos internacionales han manifestado en los últimos meses su confianza en que la Argentina se encamina a un proceso de consolidación de la normalización macroeconómica y con ello de recuperación de la abandonada senda de crecimiento sostenido, no son pocos los economistas profesionales que recomiendan al Gobierno comenzar a reducir la dependencia del endeudamiento externo, acelerar la estrategia de baja del déficit fiscal total, con un fuerte recorte del gasto que posibilite reducir la pesada carga tributaria sobre empresas y trabajadores, e intensificar los acuerdos comerciales bilaterales para revertir el inquietante cuadro actual de déficit gemelos.

La experiencia de tres ex presidentes en los pasados 34 años debería ser repasada para no repetir errores que derivaron en un volver a empezar, desde un nivel más abajo. De ahí que no parece casual que en su primera conferencia de prensa poselecciones el Presidente destacara que "Argentina no tiene que tenerle miedo a las reformas, es crecer".

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