La República de Cuba se constituyó el 20 de mayo de 1902, de oficio hace 116 años que es una nación independiente y soberana, pero la realidad no es esa.

Los primeros 31 años, la soberanía insular fue limitada por un apéndice constitucional impuesto por Estados Unidos, pero, a partir de su derogación, en lo que se pudiera llamar la Segunda República, el país asumió todas sus prerrogativas hasta la conversión de la isla en una satrapía soviética, 1959, por conveniencia de los hermanos Fidel y Raúl Castro y de los sicarios que les han servido en casi seis décadas.

La historia de la Cuba republicana no difiere en gran medida de las del resto de sus pares del hemisferio, salvo en que alcanzó, en menos tiempo, progresos sociales y económicos tan importantes que la situaron entre las naciones más adelantadas social y económicamente del continente.

Cuba padeció los mismos males que las antiguas colonias convertidas en repúblicas. Inestabilidad y las ambiciones de grupos políticos que las más de las veces respondían a designios propios y no a proyectos en los que el país fuera la prioridad. Todos los países del hemisferio en su recorrer republicano han sufrido severas convulsiones de carácter social y político, y la mayor de las Antillas fue una más entre sus iguales.

El país, al igual que los del resto de América, proyectó mucho de su hacer alrededor de figuras notables que en muchas ocasiones eran caudillos que confundían sus agendas personales con las nacionales, como fueron los casos, entre otros, de José Miguel Gómez, Mario García Menocal, Fulgencio Batista y Gerardo Machado. Pero tampoco le faltaron a la nación verdaderos patriotas que hicieron todo lo posible por concretar una sociedad justa y democrática, como fueron Aureliano Sánchez Arango, Antonio de Varona y Emilio "Millo" Ochoa, y muchos más que harían la relación muy extensa.

A pesar de la actitud de ciertos políticos, la mayoría del pueblo cubano era nacionalista, convicción que se acentuó durante el segundo gobierno de Gerardo Machado, particularmente en el sector estudiantil, protagonista clave en el fin del mandato del general de la independencia convertido en dictador.

El derrocamiento del general Machado, en 1933, trajo a la vida nacional nuevas personalidades, algunas de las cuales continuarían siendo determinantes 25 años después. Pero más relevante quizás que la influencia de personalidades como Fulgencio Batista, Ramón Grau San Martín, Carlos Prío Socarrás y Eduardo Chivas fueron las complejas consecuencias que generaron en el imaginario colectivo de la nación las frustraciones de un proceso que se supuso reparador y justo, que conduciría a la república por la que habían luchado por más de 30 años incontables ciudadanos en las guerras de la independencia.

Después de tres gobiernos democráticos, elegidos por mayoría popular, en los que el país siguió cosechando éxitos aunque no los suficientes, uno de los caciques del 33, Fulgencio Batista, decidió retomar el poder y patrocinó un golpe de militar que resultó en caldo de cultivo para un proceso insurreccional que capitalizó el más nefasto de todos los cubanos, Fidel Castro.

En 1959, Castro instauró en la isla la dictadura más cruenta que ha padecido el hemisferio, internacionalizándola al subvertir el orden político en el continente e iniciar una política hostil contra Estados Unidos.

El padrinazgo de la Unión Soviética a Castro determinó que sectores de la oposición procuraran la ayuda de Estados Unidos, que, afectado en sus intereses económicos y políticos, no dudó en prestar su apoyo. Cuba se transformó en satélite de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y en su plataforma política y militar en el continente americano. Bases de submarinos, espionaje electrónico y de cohetes balísticos con capacidad nuclear. Más de cincuenta mil militares soviéticos estuvieron desplazados en suelo cubano.

Tristemente, al cabo de 116 años Cuba está controlada por una banda criminal que ha impuesto un régimen orientado a la represión, el sectarismo, la intolerancia y la creación de una sociedad de víctimas y victimarios. Estos años han sido duros y crueles para la mayoría de los cubanos, incluidos aquellos que vieron frustradas las esperanza que depositaron en la revolución de 1959.

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