El presidente Mauricio Macri junto al gobernador Alfredo Cornejo
El presidente Mauricio Macri junto al gobernador Alfredo Cornejo

El Gobierno siente que termina una semana que no dio para proyectar optimismo pero sí para cierta distensión. El foco político estuvo puesto en la pelea entre el PJ federal y Roberto Lavagna. Y el desenlace -provisorio como todo hasta que sean anotadas alianzas y listas de candidatos- alienta la idea de que con o sin el ex ministro de Economía esa franja peronista dará batalla en las urnas, que es precisamente lo que busca desarticular el kirchnerismo. En parte, esos ruidos taparon crujidos propios.

El lunes, en cambio, el oficialismo estará concentrado en la Convención Nacional del radicalismo. Si todo sale como se dice en medios radicales, con cálculos de convencionales al día, y en las oficinas políticas del Gobierno, la UCR ratificará el armado de Cambiemos, con reclamos y otras consideraciones sobre la gestión y la relación orgánica entre los socios de la coalición. Empezará, entonces, el tramo decisivo de la interna oficialista.

En resumen, la Convención radical aprobaría un documento no tan fuerte como el que impulsa el mendocino Alfredo Cornejo, que repuso la idea de discutir incluso la candidatura de Mauricio Macri, ni de tan bajo perfil como el que se atribuye a Daniel Salvador, vice de María Eugenia Vidal. Habría expresa ratificación de Cambiemos, con reclamo de mayor lugar propio, y un planteo de ampliación del frente que parece por ahora de difícil realización, especialmente por las reacciones en contra de la primera línea del peronismo federal. Menos ruidosos, muchos creen que esa ficha debería ser jugada después de la primera vuelta, en la perspectiva de un balotaje con el kirchnerismo.

Daniel Salvador
Daniel Salvador

Para darle margen y sentido práctico a la negociación y pulseadas con el macrismo, la UCR se volcaría por un texto que no clausure alternativas, incluso en el plano de los acuerdos en cada provincia, y armaría un grupo específico para las tratativas con los operadores presidenciales.

Por debajo de eso, subsisten distintas posiciones. Esas diferencias son leídas con detenimiento y a veces son evaluadas de modo exagerado en la Casa de Gobierno, pero existen.

Cornejo sin vueltas y algunos con menos volumen insisten en buscar una vuelta para atar la suerte electoral a la figura de la gobernadora bonaerense. Otros plantean que si es necesario y suma políticamente, habría que pensar en unas primarias acordadas, como hace cuatro años. Eso se le habría escuchado al jujeño Gerardo Morales y circuló entre jefes legislativos. También hay quienes sostienen, no tan abiertamente como expresaría el correntino Gustavo Valdés, que hay que ir sin más vueltas por la reelección de Macri.

Macri y Morales
Macri y Morales

Las visiones diferenciadas abarcan a los jefes provinciales, en medio de movidas que también hacen a sus realidades locales. Parece visible especialmente en los casos de Cornejo y de Salvador. Todo, en definitiva, sosteniendo Cambiemos. Por afuera corre la posición de convencionales partidarios de una ruptura, expresada de manera inorgánica en el interior y de modo más visible por varios bonaerenses: Ricardo Alfonsín, Federico Storani, Juan Manuel Casella. Está claro que esperaban llegar al lunes con Lavagna mejor plantado.

Eso le habrían transmitido al ex ministro de Economía hasta unos días antes del pico de tensión con el peronismo federal.

No son los únicos que siguieron de cerca las entregas de esa disputa. En el Gobierno, consideran un dato positivo la ratificación del PJ federal, expresada por Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey, Miguel Ángel Pichetto y Sergio Massa con foto y video incluidos. Fuentes del oficialismo admiten que es vital para su proyecto la existencia de una fuerza que compita y le reste votos peronistas al kirchnerismo. Y agregan que para Lavagna, el costo sería doble por el desgaste de estas horas y porque expresaría un armado electoral sin estructura y referentes peronistas. Tal vez, eso hasta sería un alivio en la disputa de alguna franja electoral que se supone compartida.

Ese cuadro también fue visto como contracara de las expectativas del kirchnerismo, que apunta a desgajar y en lo posible diluir al peronismo federal. En esa línea se anotan las tentativas con Massa y la renovada movida sobre gobernadores del PJ.

Dos datos muestran matices. Uno: el Gobierno logró sostener abierto el diálogo con Schiaretti, Pichetto y Urtubey. El otro: Massa volvió a colocar como eje electoral el impulso a una convergencia opositora, cuyo común denominador mínimo sería derrotar a Macri. Ninguna señal para diferenciarse de la ex presidente, al revés que los demás integrantes de su espacio y que Lavagna.

En distintos ámbitos del oficialismo, dentro y fuera de la Casa de Gobierno, señalan que la reafirmación de Alternativa Federal también sería un dato positivo porque cerraría el camino a la salida de Massa, objetivo destacado de Alberto Fernández antes y más abiertamente después de ser consagrado candidato por Cristina Fernández de Kirchner.

Anoche mismo, habían recrudecido especulaciones sobre esas tentativas. Con Massa, nadie se anima a cerrar el tema.

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