El éxito del inédito pedido de inmunidad que hizo al Parlamento el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, para evitar ser juzgado por tres cargos de corrupción, depende de una mayoría de 61 diputados que el interesado no logró configurar para romper el bloqueo institucional que padece el país desde casi un año.
La solicitud, que ingresa en un verdadero laberinto en el que puede dar vueltas durante meses sin encontrar una salida, derivó en un sinfín de críticas por parte de la oposición y en duras notas editoriales que apuntan a destrozar la imagen de Netanyahu.
El líder del Likud, quien gobierna en Israel desde 2009, no pudo lograr una mayoría parlamentaria que lo habilitara para formar gobierno después de las elecciones de abril y septiembre de 2019, lo cual generó un bloqueo político que el ahora primer ministro "en funciones" esperaba romper en los comicios convocados para marzo próximo.
Pero en noviembre pasado, Netanyahu fue acusado formalmente por la Fiscalía de los delitos de cohecho, fraude y abuso de confianza, lo que lo llevó a pedir la inmunidad en su polémica aparición del miércoles.
La solicitud comenzará a andar un largo camino que incluye el análisis de un Comité del Interior de la Knéset (Parlamento) que ni siquiera está formado.
Debido a que las cámaras surgidas de las últimas elecciones no lograron que se conformara gabinete, se disolvieron antes de constituirse diversos organismos parlamentarios, entre otros el que debería intervenir en el caso.
En este contexto, el presidente de la Knéset, Yuli Edelstein, puede ordenar la creación del comité, pero también existe la posibilidad de que el pedido de inmunidad no sea puesto en estudio antes de la celebración de las elecciones del 2 de marzo, cuando haya una nueva cámara.
Si al fin el comité es puesto en funciones, su propuesta deberá ser elevada al plenario del Parlamento, donde para su aprobación se necesita del apoyo de una mayoría de 61 miembros. Incluso, esa decisión del Parlamento puede ser recurrida después ante la Justicia.
Para completar la complejidad del contexto, puede darse la alternativa de que de las elecciones de abril surja un Parlamento incapaz de acordar la formación de un nuevo gobierno y de constituir los comités.
En ese caso, la situación de Netanyahu se mantendrá inalterada durante meses, debido a que la Fiscalía no puede oficialmente llevarlo a juicio hasta que la cámara haya tomado una decisión sobre la inmunidad.
En ese caso, Netanyahu habrá ganado tiempo y podrá mantenerse como ministro en funciones, aunque en algún momento deberá enfrentarse a la justicia.
En lo inmediato, Netanyahu se vio obligado a enfrentar durísimas opiniones de los editorialistas.
"Como un criminal común, Benjamín Netanyahu se puso frente a la nación anoche y rebajó el límite de la vergüenza nacional a un nuevo nivel", escribió en el diario progresista Haaretz Yosi Verter.
Añadió que, si bien es cierto que el político no fue condenado, "su comportamiento, sus maneras, su lenguaje y sus declaraciones son las de un criminal".
También en Haaretz, el periodista Anshel Pfeffer opinó que "ahora, Netanyahu no es solo el primer ministro en activo acusado, sino también el primer ministro en activo que oficialmente intenta evadir la Justicia".
Nahum Barnea, en Yediot Aharonot, señaló que se sabe que "el público considera que quien pide inmunidad es culpable".
"En un Estado donde prevalece el imperio de la ley, los inocentes luchan para probar su inocencia y los criminales piden inmunidad (…) Así no es cómo el rey de Israel debe actuar. El rey de Israel no huye de la batalla: lucha y gana", completó.
Hoy, el Tribunal Supremo israelí rechazó la petición de un grupo de académicos y empresarios para que se prohíba que un acusado pueda recibir el encargo de formar gobierno, solicitud claramente dirigida contra Netanyahu, informó la agencia EFE.
El fallo fue justificado en los abstracto de la petición, a la que se considera "prematura y teórica", debido a que la situación ubicada en el centro del planteo aún no se ha producido.

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