El sucesor de Qaboos bin Said en Omán fue anunciado apenas horas después de comunicarse la muerte del sultán de 79 años y lejos de tomarse una semana para debatir posibles nombres, como permite la ley, la familia real decidió aceptar la designación hecha en vida por el veterano monarca y guardada en un sobre cerrado: su primo Haitham bin Tariq al Said.
"La velocidad de la decisión reflejó la posibilidad de una turbulencia peligrosa. La familia gobernante quería mostrar unidad y cohesión al mundo exterior, en parte para evitar que países vecinos buscaran ganar ventaja de la transición", explicó la investigadora del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, Cinzia Bianco, en un reciente artículo en el diario The Washington Post.
Para Nabeel Nowairah, investigador del Gulf International Forum, con sede en Washington, la rapidez y simpleza de la sucesión fue el último gran logro de Bin Said.
"Antes que se anunciara su muerte, todos estaban hablando de quién sería su sucesor, había preocupación entre los omaníes y los observadores externos sobre si la familia real entraría en un conflicto interno o con sus vecinos", explicó el especialista en la región del Golfo Pérsico en diálogo con Télam.
"Fue una verdadera victoria que se eligiera un nuevo sultán sin conflictos internos en el país o en la monarquía", agregó.
El nuevo sultán es Haitham, el primo de 65 años de Bin Said, su ex ministro de Patrimonio y Cultura en los últimos 17 años y uno de sus hombres de confianza en política exterior, como demostró a asignarle importantes cargos en la Cancillería durante décadas y elegirlo para acompañarlo en reuniones y mediaciones claves.
Estudió en Oxford, encabezó la iniciativa Visión 2040 para planificar la diversificación de una economía muy centrada en la exportación de petróleo y, a diferencia de sus dos hombres -los otros dos nombres que circulaban como posibles sucesores en los últimos años- no tiene antecedentes militares, algo que Nowairah aseguró "no debe sobreestimarse".
Heredó un país estable al lado de Yemen, un territorio en guerra y con la peor crisis humanitaria del mundo, y rodeado de vecinos con recursos y voluntad expansionistas como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos; y dos grandes desafíos: romper con la dependencia del petróleo y la lógica de endeudamiento en el que había entrado el sultanato tras la caída internacional del crudo, y mantener la neutralidad y la relevancia internacional como mediador en una región siempre en conflicto.
"Hoy, solo dos países del Golfo no tienen una agenda de expansión o influencia extranjera: Omán y Kuwait. El nuevo sultán dijo que seguirá los pasos de Qaboos, pero los interrogantes son muchos: ¿cuál será su política exterior? ¿Seguirá concentrando todos los poderes hacia el interior?", se preguntó Nowairah y explicó, que dado el hermetismo del sultanato omaní, nadie tiene las respuestas aún.

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