Las duras acusaciones de la oposición de derecha, que se sirvió de la polémica sobre el independentismo en Cataluña para revivir el fantasma de la ruptura entre españoles, eclipsaron la discusión política sobre la elección del nuevo presidente.
"No se va a romper España, no se va a romper la Constitución: se va a romper el bloqueo" que impidió formar gobierno tras las elecciones de abril, repetidas en noviembre, afirmó Sánchez en su intervención para solicitar el voto a los diputados.
Sin embargo, el margen para un posible triunfo de su candidatura en la votación del martes por mayoría simple se redujo a apenas dos votos, luego de que una parlamentaria del regional Coalición Canaria anunciara hoy que votará en contra pese a la decisión de su formación de abstenerse.
Sánchez, presidente del Ejecutivo en funciones, presentó durante cerca de dos horas un programa de gobierno progresista en coalición con el izquierdista Unidas Podemos (UP).
Entre las medidas anunciadas, destacaron aquellas de carácter social, como el aumento de los salarios más bajos, la subida de las pensiones y mejores en sanidad y educación, además de la recuperación de derechos laborales perdidos en los gobiernos del conservador Partido Popular (PP).
El líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), vencedor de los comicios del 10 de noviembre pero sin mayoría, se presentó como la única alternativa posible en el Congreso para romper con el bloqueo político que vive el país desde las elecciones de abril.
Si bien Sánchez intentó lanzar un debate constructivo, la oposición centró sus intervenciones en criticar los acuerdos alcanzados entre el PSOE y el partido independendista catalán ERC, que accedió a facilitar su investidura a cambio de la apertura de una mesa bilateral de negociaciones sobre la cuestión catalana.
"Qué desvergüenza, señor Sánchez, firmar un pacto que quiebra la igualdad de los españoles con una mesa de gobiernos bilateral, degradando a España a una autonomía", espetó el líder del PP, Pablo Casado.
Tanto Casado como el presidente del ultraderechista Vox, Santiago Abascal, no dudaron en insultar a Sánchez y acusarlo de poner en peligro la unidad nacional al ceder frente a los secesionistas catalanes y los nacionalistas vascos.
Las críticas rechazadas por el líder socialista, quien consideró que tanto el PP como Vox caldearon el ambiente político para bloquear la gobernabilidad y sacar ventaja en las elecciones.
“Usted y la ultraderecha han usado todo tipo de artimañas jurídicas y extrajurídicas para boicotear la investidura. Ha hecho cosas impropias de un candidato a la presidencia del Gobierno. ¡Llevan 15 meses repitiendo el fin del mundo y de España, que no llegan!”, denunció.
En favor de Sánchez intervino el líder de UP, Pablo Iglesias, quien destacó el contenido social del gobierno de coalición, que busca que "España sea un referente para Europa y para el mundo de la justicia social", reportó la agencia de noticias EFE.
El Congreso celebrará mañana la primera votación sobre Sánchez, para la que se requiere una mayoría absoluta (176 votos sobre 350), que el líder socialista no tiene.
En consecuencia, habrá una segunda votación por mayoría simple el martes, de la que Sánchez sí dispone, aunque ahora por una estrecha diferencia: 167 votos a favor frente a 165 en contra y 18 abstenciones debería resultar de esa pulseada.
El tenso debate en el Congreso y el alarmismo sembrado por la oposición empezó a trasladarse a las calles, con una protesta en el centro de Madrid contra la investidura del socialista, convocada por redes sociales, y a la que asistió el alcalde de la capital, del opositor PP.

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