El rebrote de violencia que desde finales de mayo se registra en el noroeste de Siria, en particular en la región de Idlib, último bastión de los rebeldes que luchan contra el presidente Bashar al Assad, dejó ya al menos 230 civiles muertos y 330.000 desplazados, según los últimos datos de Naciones Unidas.
"Nos enfrentamos a un desastre humanitario que se está desarrollando ante nuestros ojos", alertó hoy ante el Consejo de Seguridad el coordinador de respuesta de emergencia de la ONU, Mark Lowcock, subrayando que "no se pueden negar los hechos".
"En las seis últimas semanas, las hostilidades han tenido como resultado la muerte de más de 230 civiles, incluidas 69 mujeres y 81 niños, a las que se suman cientos de heridos", precisó.
El funcionario añadió que desde principios de mayo "unas 330.000 personas se han visto obligadas a dejar sus hogares" como resultado de la ofensiva de la fuerzas sirias, apoyadas por la aviación rusa, y de las acciones de los rebeldes, principalmente Hayat Tahrir al Sham (HTS), una organización que aglutina a varios grupos, incluido el antiguo Frente al Nusra, otrora filial de Al Qaeda en Siria, y al que la ONU considera una organización terrorista.

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