El rebelde Ejército Nacional Libia, liderado por Jalifa Haftar, anunció este jueves que no permitirá que vuelos humanitarios de la ONU utilicen el único aeropuerto que funciona en la capital del país, Trípoli, apenas horas después de que el Consejo de Seguridad aprobara una resolución para reclamar a todas las partes del conflicto libio a comprometerse a "un cese al fuego estable".
La primera resolución del Consejo de Seguridad de la ONU desde el inicio de la ofensiva sobre Trípoli advirtió sobre "la explotación del conflicto por parte de terroristas y grupos violentos" y pidió evitar el ingreso de mercenarios, justo en un momento en que Rusia y Turquía ofrecen o envían combatientes sirios para pelear en Libia.
En ese contexto, las fuerzas comandadas por Haftar -el general rebelde apoyado por Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Francia, entre otros, que hace meses intenta tomar Trípoli- lanzaron su propia advertencia a la ONU: no pueden garantizar la seguridad de sus vuelos si utilizan el único aeropuerto operativo en la capital.
Naciones Unidas envía ayuda humanitaria a la sitiada Tripoli desde que comenzó la ofensiva militar de Haftar y esta semana aseguró que miles de personas dependen de ella para sobrevivir.

Sin embargo, un vocero del ejército de Haftar, Ahmed Mismari, explicó a la prensa en la ciudad oriental de Bengazi que ya no pueden garantizar la neutralidad de la base Mitiga, utilizada hoy como único aeropuerto de Trípoli, según la cadena de Al Jazeera.
Mismari explicó que Turquía empezó a usar esta base para aterrizar sus aviones con mercenarios sirios que llegan para reforzar las filas del gobierno libio reconocido por la ONU y que mantiene su sede en la capital.
Además, un informe de la ONU denunció que Turquía utiliza la base de Mitiga para operar sus drones, con los que tiene capacidad para atacar a las posiciones de las fuerzas de Haftar en todo el país.
Hoy, al mismo tiempo que Haftar lanzaba un nuevo desafío a la ONU, el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Peter Maurer, advertía que el país se encuentra en "un punto crítico" en términos humanitarios, tras una visita de tres días en el país norafricano.
La guerra civil en Libia estalló en 2011 cuando un movimiento masivo de protesta se levantó contra el entonces presidente Muamnar Kaddafi y, con la ayuda de bombardeos de la OTAN y la entrega de cientos de miles de armas, logró derrocarlo.

Desde entonces, el país vive en un vacío de poder, con milicias que disputan el control territorial del país e intentan presentarse como el gobierno legítimo de los libios.
Haftar encabeza la fuerza militar más importante del país y cuenta con el respaldo de Rusia, Arabia Saudíita, Egipto y Emiratos Árabes Unidos, mientras que Francia y Estados Unidos lo apoyan políticamente.
El gobierno reconocido por la ONU y liderado por Fayez Al Sarraj, en cambio, cuenta con con el apoyo de la Unión Europea, Italia y Qatar y Turquía.
Pese a los reiterados pedidos internacionales de una tregua, el conflicto continúa y se profundiza.
Más de 1.500 personas murieron desde que recrudecieron los combates en abril del año pasado, de los cuales 300 eran civiles. Además, más de 140.000 personas debieron abandonar sus hogares y se convirtieron en desplazados internos.

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