POR Paola Florio

Existe una escena hollywoodense en la que la mayoría de los mortales nos
vemos reflejados alguna vez en la vida: un sillón, una caja de pañuelos
descartables (o el rollo de cocina, en una versión local), un pote de helado
o dulce de leche (o ¡ambas cosas! ¿por qué elegir una?), carbohidratos y
mucho llanto.

¿Quién no se ha separado y sentido que su mundo entero
se derrumba? En ese momento único, tan difícil de explicar a quien no lo
haya vivido, no hay esperanzas, no se ve ninguna luz del otro lado del
camino ni las palabras de consuelo alcanzan.

"Vas a ver que lo vas a superar, que vas a estar mejor, que un día te vas a reír de esto", nos repiten, pero en plena frustración es imposible vislumbrar que alguna vez podremos efectivamente salir de ese estado de tristeza absoluta.

¿Qué hacer entonces?

Si bien se suele decir que para el amor no hay reglas ni tiempos, hay tantas salidas posibles como personas. Ni siquiera podemos saber qué haríamos en ese momento porque cada uno actuará como pueda: para algunos, será imposible pensar en estar con alguien en el corto (y largo) plazo mientras que para otros, después de llorar unos
días, necesitarán sacarse el polvo de la relación anterior y salir a buscar
una curita afectiva, un sustituto que calme un poco el dolor.

La pregunta es: ¿será posible, sano y real volver a enamorarse tan rápidamente?

Mas Mariana un clavo saca otro 2

Martillar la herida

El refrán "un clavo saca a otro clavo" no es nuevo; aparece por primera
vez en el libro de Marco Tulio Cicerón, Disputaciones Tusculanas, sobre el
año 44 a.C. Este texto iba dirigido a Marco Bruto y, al hablar del mal de
amores escribe lo siguiente: "Novo amore, veteram amorem, tamquam
clavo clavum, eficiendum putant" (El nuevo amor saca al viejo amor, como
un clavo a otro). Aún en vigencia, el dicho nos viene a ejemplificar cómo
muchas personas dejan atrás un amor apostando a otro.

Mauricio Strugo, psicólogo y especialista en vínculos, explica que eso no
es del todo posible: "Toda situación que requiera cierta curación necesita
un proceso y cuando esto no ocurre, luego de la excitación del primero
momento, se descubre que hasta que no transitemos por el duelo con
todas sus etapas, estemos mejor parados y con un aprendizaje sobre el
vínculo anterior, nos encontraremos nuevamente con un clavo".

Esto se debe, según el especialista, a que en realidad todavía no
estaremos preparados para nada nuevo sin haber reflexionado lo
suficiente para no repetir patrones. Es probable también que, cuando se
caigan los velos del enamoramiento inicial, nos asombremos viendo que
esta nueva persona tiene muchas similitudes con nuestra pareja anterior.
"Eso es por no aprender que aparecerán tantos clavos como tengan que
aparecer hasta que nos demos cuenta de qué es lo que esta relación
importante que terminó nos deja como aprendizaje", asegura Strugo.

El tiempo también es un gran aliado y aunque en los comienzos parezca
imposible, llegará el momento en que podamos empezar a elegir nosotros
los recuerdos en vez de que nos aparezcan flashbacks traumáticos, en el
que ya no sintamos rencor y enojo con la otra persona y que podamos
asumir que una relación es de a dos y también somos responsables de
llegar a este final.

"Recién entonces -afirma Strugo- podremos transitar el
puente de la elaboración de una relación que terminó y comprender qué
aprendimos de ella, qué cosas queremos llevarnos con nosotros para
continuar el camino y cuáles fueron los desaciertos, sin culpabilizar al otro,
saliendo del sufrimiento y del rol de víctima para hacernos responsables de
lo que sigue en nuestra vida; de sacarnos brillo para que, estando bien
nosotros, disfrutando del bienestar de no necesitar parejas muletas porque
solos no podemos y trabajando en estar mejor, aparezca un compañero
para compartir, para disfrutar y no para que me salve del proceso de
encontrarme con mi soledad".

A surfear el dolor
El duelo, entonces, será el recorrido necesario para poder relacionarnos
con otro más adelante, cuando hayamos elaborado esa pérdida anterior.
Si bien varía de una persona a otra, es un proceso en etapas (cada una
puede variar en duración e incluso en orden). La licenciada Claudia De
Soza, psicóloga, explica cuáles son estas seis fases:

El desconcierto. Esta etapa es de un gran impacto. Todavía no creemos
que hayamos terminado el vínculo de pareja. De a momentos estamos
bien y buscamos refugio en tareas cotidianas o reuniones sociales. Todo lo
que hacemos es una forma de no pensar.

La negación. Ahora tendemos a pensar: "esto no está pasando" o "ya todo
volverá a ser como antes, sólo hay que saber esperar". La fantasía de
volver empieza a ser recurrente.

La tristeza. Se comienza a percibir que la otra persona ya no está ahí para
nosotros. Incluso, no es sólo la persona la que ya no está, tampoco están
los sueños compartidos ni los proyectos a futuro. Como si el otro se
hubiese llevado todo con su partida.

La culpa. Llegó el momento de buscar responsables. Es un intento de
encontrar explicación a lo sucedido e identificar las causas. La culpa puede
recaer sobre cualquier persona (uno mismo, los suegros, los amigos, las
exigencias laborales) o lo que encontremos a mano que nos sirva como
justificación. En general, esta búsqueda no es productiva pero sí
inevitable.
La bronca. Ira total, cae todo el enojo, ¿por qué no quiso pelearla juntos?
La clave de esta etapa radica en que, si podemos conectar bien con lo
negativo de la relación (su egoísmo, lo poco que nos valoró, lo que estaba
mal), vamos a poder avanzar hacia el cierre de la misma. Manejar esa ira
nos permitirá pasar de página sin caer en el odio o el rencor, que es la
forma saludable de transitar el duelo.

Aceptación. Poco a poco se toma la relación como una experiencia más de
nuestra vida y de la que pudimos hacer nuestro propio aprendizaje. Aquí
es donde empezamos a elaborar la pérdida y podemos volver a
reorientarnos hacia un presente y un futuro.

La clave: atravesar el duelo y darnos el tiempo necesario. Escucharse y
respetarse siempre es la mejor opción.

"Cada fase del duelo tiene su función y es un paso hacia la reconstrucción
de uno mismo y de los vínculos. Lo importante es darse el tiempo para
transitarlas e intentar conectarse con las emociones que cada etapa trae
consigo. Algo fundamental es armar una red de contención de familia y
amigos con los cuales contar incondicionalmente. Y, llegado el caso de sentir que nada alcanza y que nada resulta, es una buena opción pedir
ayuda a un especialista que brinde las herramientas necesarias para
elaborar la pérdida", explica De Soza. Todo el amor que podamos recibir
en esta etapa, ayudará a sanar las heridas. Y sí, acá también te lo decimos:
¡ya pasará!

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