Tras dos comicios legislativos y casi nueve meses a la cabeza de un Ejecutivo en funciones, Pedro Sánchez logró hoy ser investido oficialmente presidente del Gobierno de España, un cargo al que accedió por un estrecho margen y luego de una serie de concesiones vistas como improbables hasta hace unos meses.
Reiteradas negociaciones frustradas y los peores resultados obtenidos en la repetición de elecciones en noviembre llevaron al líder socialista a renunciar a un gobierno en solitario y forjar una alianza con Unidas Podemos (UP), además de acordar con los catalanes de ERC pese a sus promesas de que jamás pactaría con el independentismo.
La resistencia es una constante es la carrera fulgurante de este madrileño de 47 años, que hoy fue elegido en el Congreso por apenas una diferencia de dos votos, con 167 a favor, 165 en contra y 18 abstenciones.
Cual ave fénix, emergió de las cenizas tras decretarse su muerte política en octubre de 2016, cuando fue expulsado de la dirección del centenario Partido Socialista Obrero Español (PSOE) por una rebelión interna.
Apoyado en la militancia, meses después recuperó el mando y en junio de 2018 llevó al PSOE al poder por medio de una moción de censura, inédita por exitosa, que desbancó al conservador Mariano Rajoy.
Bajo su liderazgo, el socialismo español cosechó sus peores resultados históricos en dos elecciones generales consecutivas -pasó de 110 diputados a 90 en 2015 y retrocedió a 85 en los comicios en 2016-, pero esto ocurrió en un contexto difícil para la socialdemocracia en Europa.
Desde el gobierno, Sánchez había logrado rebajar la tensión con Cataluña y, contra todo pronóstico, resucitar al PSOE.
En los comicios del 28 de abril salió reforzado, pero su decisión de vetar a Rajoy tuvo consecuencias, ya que el PP se negó a abstenerse para permitir que gobernara sin socios ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo con Unidas Podemos.
Finalmente, el golpe de timón que dio con la repetición de las legislativas en noviembre le costó caro a Sánchez: su partido y sus probables aliados de UP perdieron escaños, mientras que la extrema derecha de Vox vivió una impresionante ascensión, pasando de 28 a 52 bancadas.
Ante este complejo escenario político, las opciones del líder socialista para formar gobierno se vieron reducidas dŕasticamente.
Pero, tras dos investiduras fallidas -en 2016 y en julio pasado-, el presidente del PSOE optó esta vez por ceder, antes de perder una nueva batalla en el Parlamento para poder encabezar el Ejecutivo por la vía ordinaria.
Deberá ahora dirigir un gobierno de coalición que se anuncia complicado por ser bipartidista y heterógeneo, en el que tendrá a su socio principal y al mismo tiempo rival por la izquierda, Pablo Iglesias, líder de UP, como uno de los vicepresidentes de su próximo gabinete.
Aunque el contexto político es más que crispado y su margen de victoria fue mínimo, Sánchez logró hoy resistir una vez más y ser investido presidente del Gobierno de España, tras cuatro candidaturas frustradas.
Queda por ver si la resistencia le permitirá sacar su nuevo Ejecutivo adelante.

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