Durante un juicio por corrupción, el ex presidente de Sudán Omar al Bashir confesó que cuando estaba en el poder recibió 91 millones de dólares en efectivo y con cheques como "regalo" de las monarquías de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos (EAU).
El 11 de abril pasado, en medio de una ola de protestas masivas que el gobierno no pudo frenar pese a la represión y los muertos, el Ejército derrocó a Al Bashir, asumió el poder y comenzó a negociar con la oposición una transición hacia un nuevo régimen político.
Unos meses después, la Fiscalía General acusó al ex presidente por posesión ilegal de fondos ya que le habían encontrado siete millones de euros y cientos de miles de dólares en efectivo y en bolsas de plástico en su casa que no tenían un origen declarado.
En la primera audiencia del juicio, Al Bashir confesó que el dinero proviene de regalos de dos de sus principales aliados de la región, las monarquías petroleras de Arabia Saudita y los EAU.
De los 91 millones de dólares, 25 millones procederían directamente del príncipe heredero saudita y líder de facto de ese país, Mohamed bin Salman, según las conclusiones del juez de instrucción que realizó las investigaciones preliminares e interrogó a Al Bashir tras su detención en abril.
Asimismo, otros 65 millones vendrían del bolsillo del ex monarca saudita Abdullah Abdelaziz, que se lo entregó a Al Bashir en dos paquetes, así como un cheque de un millón de dólares firmado por el presidente de EAU, Jalifa bin Zayed.
Según las conclusiones preliminares de la investigación oficial, los 91 millones de dólares "no pertenecen al Estado", sino que fueron entregados a Al Bashir en tanto individuo, no jefe de Estado.

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