Bajo la persistente amenaza de la retórica del odio, la ciudad fronteriza estadounidense de El Paso honra a las víctimas del ataque racista contra latinos de hace dos semanas, como si cada una de ellas formara parte de una misma familia.
"Esto puede volver a pasar porque no se está reconociendo que lo que lo provocó son las armas, dentro de un discurso de odio antimigrante alentado por un presidente Donald Trump", afirmó el psicólogo forense y criminólogo Óscar Máynez.
"En todos los países del mundo hay problemas de salud mental y videojuegos, pero esto no ocurre. Estas masacres pasan por las armas, por el acceso que se tiene sin un control de armas de todo tipo", añadió.
Para el experto, requerido por la agencia de noticias EFE, lo que hace a El Paso una de las ciudades más seguras de Estados Unidos es tener una población 85% latina, justamente lo que llevó al joven supremacista blanco Patrick Crusius a viajar nueve horas en carretera para disparar contra quienes se encontraban en un supermercado Walmart, donde los principales clientes son mexicanos.

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