Una multitud de independentistas rebosó hoy el centro de Barcelona en una manifestación pacífica para exigir la libertad de los líderes del proceso de secesión de 2017 condenados a altas penas, al término de una huelga convocada en en el quinto día consecutivo de protestas, en el que también estallaron focos de violencia que se extendieron hasta la medianoche y que siguen incrementando la tensión.
Más de medio millón de personas, según datos de la Guardia Urbana, y hasta 750.000 de acuerdo con los organizadores, participaron del acto convocado por la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y de Óminum Cultural, que fue el punto final de cinco "Marchas por la Libertad" que llegaron hasta la capital desde el interior de Cataluña tras tres días de caminata.
"¡Muchas gracias a todos los que habéis demostrado la fuerza cívica y pacífica del movimiento independentista! ¡Ganaremos y adelante, siempre adelante!", fue el mensaje del presidente catalán, Quim Torra, a los participantes de la marcha, en un momento crítico en el que su cargo está en juego tras haber sido cuestionado tanto el gobierno español como de sus propias bases por la escalada de violencia en las calles.
"La libertad en marcha. Colosal demostración de fuerza cívica de los catalanes. Este es el camino que inquieta el Estado y sus aliados, y por tanto lo que no debemos abandonar", dijo por su parte el ex presidente Carles Puigdemont, vía Twitter desde Bélgica, donde permanece libre a la espera de que resuelva una nueva orden de extradición en su contra.

Los independentistas intentan parar Cataluña
"Tenemos que responder a esta sentencia de pie y no de rodillas. Las cinco columnas son una metáfora de nuestra lucha colectiva por la independencia, popular, pacífica y democrática", aseguró desde la marcha Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, quien reclamó, por enésima vez, "unidad para el proyecto colectivo", ante el nuevo riesgo de ruptura entre los partidos del bloque secesionista que sostienen a Torra.
Los manifestantes hicieron colapsar la ciudad condal tras una jornada de huelga que tuvo un seguimiento desigual. Paralizó el sector de la educación y parcialmente a la administración -el gobierno secesionistas apoyó y promovió-, así como parte del comercio, que sufrió piquetes de los secesionistas, y empresas, debido a los problemas de movilidad.
En paralelo se desarrollaron protestas estudiantiles y de los llamados Comités de Defensa de la República (CDR). También hubo concentraciones masivas en otras ciudades catalanas como Girona, donde hubo disturbios, Lérida y Tarragona, y en el resto de España, en el País Vasco, en Bilbao.
Sin embargo, lo que parecía ser una fiesta en la ciudad se convirtió en un infierno al estallar nuevos disturbios protagonizados por jóvenes rabiosos que buscan escalar el conflicto secesionista, enfrentándose incluso a la voluntad contraria de la mayoría de los militantes del movimiento independentista.
Al menos 35 personas resultaron heridas, según el balance parcial de los enfrentamientos, entre ellas dos fotoperiodistas, un policía que quedó inconsciente tras recibir una pedrada, y una persona con contusión en el ojo, presumiblemente por el impacto de una bala de goma.
Los disturbios comenzaron en la Vía Laietana de Barcelona, frente a la jefatura superior de Policía, donde desde las primeras horas del día se fueron concentrando estudiantes del movimiento separatista, ejerciendo presión sobre los agentes, con gritos de "¡Fuera las fuerzas de ocupación!" y "Puta España", y lanzando huevos, pintura, botellas, piedras y otros objetos peligrosos.

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