Las pymes creen que sería difícil hacer frente a una recesión. (GETTY)
Lidiar con los procesos de compra, de fabricación, de venta, de pagos, de cobranzas, bancos, impuestos y juicios laborales, entre otros, suele ocupar la mayor parte del tiempo de quienes arriesgan e invierten en Argentina (Getty) (Reza Estakhrian/)

Hace algunos años un empresario de una pyme metalúrgica me dijo una frase que me quedaría grabada a fuego: “el 95% de mis problemas son operativos, y el otro 5%, son financieros”. No le faltaba razón. Lidiar con los procesos de compra, de fabricación, de venta, de pagos, de cobranzas, bancos, impuestos y juicios laborales, entre otros, suele ocupar la mayor parte del tiempo de quienes arriesgan e invierten en Argentina. En cambio, qué hacer con los pesos, por aquel momento, era la última de las prioridades de quien terminaría siendo un fiel cliente.

Hace poco tiempo, al retomar el contacto después de varios meses de inactividad, este dueño de empresa que la pelea a diario me pintó un panorama completamente diferente. Como resultado de la incertidumbre, la respuesta natural de su negocio fue acumular insumos y mercaderías. El proceso de compras y negociación con proveedores creció a niveles pocas veces visto.

En simultáneo, la órbita comercial era pletórica: las ventas se dispararon, con clientes que incluso buscan pagar los pedidos por anticipado, no solo para conseguir un descuento sino, más crítico aún, para fijar el precio.

Incluso cotizando los bienes en dólares, esta pyme, que ni siquiera cuenta con un tesorero (mucho menos con un CFO), se topó abruptamente con la pregunta que hasta hace no mucho demandaba poco esfuerzo. Qué hacer con los pesos, ahora, se volvió una cuestión fundamental.

El proceso de compras y negociación con proveedores creció a niveles pocas veces visto

Lejos de ser un caso aislado, este cuadro de situación es un denominador común entre las empresas. Es la otra cara de la moneda del desplome de la demanda de dinero, de la aceleración inflacionaria y de expectativas de devaluación que están al rojo vivo. El drama argentino, episodio mil: los pesos queman, y hay que buscar rápidamente nuevos horizontes en bienes o en moneda extranjera.

¿Cómo sobrevivir a la tormenta y llegar a buen puerto? Es innegable que se depende de una gran cuota de suerte a nivel macroeconómico. Lo que los argentinos voten el 22 de octubre (y quizás el 19 noviembre) podría ser un punto de inflexión. Pero también es cierto que hay decisiones y estrategias inteligentes desde la microeconomía que cualquier empresario puede encarar para bajar el nivel de riesgo total de su negocio. Y en el mercado financiero existen vehículos indicados para cumplir esa tarea.

Hay decisiones y estrategias inteligentes desde la microeconomía que cualquier empresario puede encarar para bajar el nivel de riesgo total de su negocio (EFE)
Hay decisiones y estrategias inteligentes desde la microeconomía que cualquier empresario puede encarar para bajar el nivel de riesgo total de su negocio (EFE)
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Así, se podría configurar un kit de supervivencia financiera que incluye, cual navaja suiza, diversas herramientas:

1) Liquidez que trabaja hasta los fines de semana: Tener un empleado más en la empresa no sería un problema si es la caja quien trabaja. Para darle literalidad a esta idea, la lógica implica aprovechar los descalces de plazos entre las cobranzas y los pagos. En el medio, los pesos excedentes pueden generar un rendimiento que morigere la erosión que la inflación produce. Como el dinero es fungible, ese plus generado también podría pagar varios sueldos.

Tanto pyme como grandes corporaciones se vuelcan a una clase exclusiva de activos para sacarle el jugo a la caja: los fondos comunes de inversión. Acá sobresalen los instrumentos de liquidez inmediata o “Money Market” (T+0) y con rescate en 24 hs (T+1). Cualquiera de ellos está disponible en todo banco o Agente de Liquidación y Compensación (ALyC) que distribuya fondos comunes de inversión.

Tanto pyme como grandes corporaciones se vuelcan a una clase exclusiva de activos para sacarle el jugo a la caja: los fondos comunes de inversión

Un ejercicio numérico permite echar luz sobre la potencialidad de un manejo inteligente de la liquidez. Si hay una cobranza relevante el 5 del mes, mientras que el pago importante ocurre el 31 (por ejemplo, sueldos), surge una brecha de 26 días por mes o 312 al año. Los FCI “Money Market” pagan una TNA de 95% o una tasa efectiva mensual 7,9%. Sobre un capital de $10 millones, implica una renta de $662.600 en 26 días. Son 2,6 salarios promedio de un empleado de comercio en ese lapso. Y en un año, casi 32 sueldos.

2) Usar la inflación como una aliada: Argentina se encamina a cerrar 2023 con un encarecimiento del costo de vida cercano a 200% anual. Se trataría de un lamentable récord no visto desde 1990. Ahora bien, el mercado no muestra sorpresa frente a este suceso, sino que desde hace tiempo que se viene cubriendo con alternativas indexadas.

Teniendo presente que en los próximos meses se verían nuevos fogonazos, los pesos que se queden ubicados en destinos tradicionales, como los plazos fijos, serían carne de cañón ante el avance de la inflación. Basta con mirar la historia reciente: en los últimos 20 años, el 70% del tiempo los plazos fijos perdieron contra la nominalidad.

En cambio, mediante letras y bonos soberanos que ajustan por CER, la batalla podría estar más nivelada. Es que son los únicos activos que prometen una tasa real cierta una vez descontada la inflación. La demanda de cobertura hizo que los rendimientos se volvieran levemente negativos en títulos a 2023 y a principios de 2024. Hacia mediados del año que viene, ya se ven alternativas con premio real positivo.

La dualidad del tipo de cambio quita el sueño a muchos. Por un lado, el precio de $350 “se mira y no se toca” debido a que al BCRA le faltan reservas, por el otro el dólar que sí se puede conseguir en el mercado de capitales supera los $700 por unidad (Reuters)
La dualidad del tipo de cambio quita el sueño a muchos. Por un lado, el precio de $350 “se mira y no se toca” debido a que al BCRA le faltan reservas, por el otro el dólar que sí se puede conseguir en el mercado de capitales supera los $700 por unidad (Reuters) (Lee Jae Won/)

3) El dólar ya no es inalcanzable: La dualidad del tipo de cambio quita el sueño a muchos. Por un lado, el precio de $350 “se mira y no se toca” debido a que al BCRA le faltan reservas (el stock neto es USD 4.000 millones negativo) y la decisión de devaluar nuevamente parece no estar sobre la mesa de decisiones políticas. Por otro parte, el dólar que sí se puede conseguir en el mercado de capitales supera los $700, un valor disparatado a los ojos de la historia pero que podría ser barato en escenarios disruptivos.

Por fortuna, en la Bolsa hay alternativas para todos los gustos. Para capturar una eventual devaluación oficial o una potencial unificación cambiaria, las empresas importadoras suelen volcarse hacia títulos dollar-linked, instrumentos que pagan en pesos, pero atados al tipo de cambio mayorista. La búsqueda de refugio fue tan vehemente en las últimas semanas que los vehículos a 2024 rinden dos dígitos en negativo. Esto quiere decir que el blindaje ante una devaluación no será perfecto.

Para capturar una eventual devaluación oficial o una potencial unificación cambiaria, las empresas importadoras suelen volcarse hacia títulos dollar-linked

En el caso de un posicionamiento sobre la brecha, bajo el supuesto de que podría haber turbulencias en los próximos meses, el posicionamiento en liquidez en moneda dura (MEP) es una estrategia habitual, aunque está supeditada a si la compañía en cuestión tiene acceso a dólares comerciales para importar o exportar. En el caso de que sí, hay FCI, bonos corporativos ley local y títulos soberanos que habilitan coberturas parciales.

4) Financiamiento extrabancario: La última herramienta está asociada a la optimización del menú de alternativas de captación de fondos. Es posible encontrar ámbitos diferentes al de los bancos para obtener préstamos. En concreto, el mercado de capitales funciona como nexo entre los inversores con excedentes de liquidez y las empresas con necesidades financieras.

Gracias a esto, es posible obtener financiamiento de corto y mediano plazo a costos más convenientes que en plazas informales. Con una pizca adicional de sofisticación, existe la chance de emitir productos a la medida de las necesidades y naturaleza del ciclo de venta y facturación de las empresas colocadoras.

Algunos de los instrumentos más destacados de este segmento son los cheques de pago diferido (CPD) y el pagaré bursátil en dólares. Hablamos de un mercado de financiamiento que mueve más de $200.000 millones por mes y al que pueden acceder todas las empresas.

No hay excusas

Desconocer este kit es algo común. La educación financiera es una de las tantas asignaturas pendientes en Argentina. Por eso, el aprendizaje, a los golpes y a fuerza de crisis, llevó a que acopiar mercadería y demandar divisas en el mercado informal sean parte medular del acto reflejo de protección de la gran mayoría de las empresas. Pero no deja de ser una jugada primitiva y costosa en varios aspectos.

Sin embargo, el hecho de no haber actuado en el pasado no anula la posibilidad de contar ahora con el mercado de capitales como aliado para aceitar el negocio real de las compañías de nuestro país. La sabiduría china, con sus célebres proverbios, puede ser más clara aún: “el mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento es ahora”.

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