Un productor agropecuario controla una carga de semillas de soja en la localidad de Olivera, a unos 100 kilómetros de Buenos Aires. EFE/Cézaro De Luca/Archivo
Un productor agropecuario controla una carga de semillas de soja en la localidad de Olivera, a unos 100 kilómetros de Buenos Aires. EFE/Cézaro De Luca/Archivo
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Incertidumbre y cautela son las dos palabras más repetidas en el campo por estas horas. La sequía, los desbarajustes económicos y el proceso eleccionario sumieron en una suerte de paralización al sector, que espera la resolución de los comicios este domingo como para empezar a diseñar una hoja de ruta para las diferentes actividades que componen al agro argentino, que sin dudas no atraviesa su mejor momento.

Si bien las cuestiones económicas y políticas tienen su preponderancia en la agenda del sector agropecuario, sin dudas el principal problema que atraviesa hoy es la falta de lluvias, que dio continuidad a la extrema e histórica sequía que afectó al país durante gran parte del año pasado y principio de éste y que parece prolongarse, con intensidad variable, en la presente campaña agrícola.

La escasez de precipitaciones importantes y generalizadas y la ausencia del fenómeno climático de El Niño ponen en severos aprietos a la campaña agrícola 2023/24 y el trigo parece ser su primera víctima. El cereal, que se erigía como la primera gran revancha para los productores tras el desastre productivo del ciclo 2022/23 ya ven lejano obtener buenos resultados y si bien nuevas lluvias en los próximos días pueden mejorar un poco la situación, las expectativas de lograr una cosecha de entre 17 y 18 millones de toneladas que se estipulan en un principio quedaron ya lejanas.

Trigo
Trigo

Según el último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), el 47% del trigo implantado se encuentra en condiciones entre regulares y malas como consecuencia del déficit hídrico, con un desmejoramiento que no cesa a medida que pasan los días sin registrarse lluvias, y que de no recibir agua, podrían producirse nuevos recortes a la estimación de 16,2 millones de toneladas, mientras que la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) continúa alertando por la muy difícil situación que atraviesan las provincias del centro, con una proyección productiva de 14,3 millones de toneladas que puede continuar cayendo.

Un nuevo fracaso en la cosecha de trigo podría significar un boleto de salida de la actividad para un buen números de productores, que no podrían soportar otra campaña agrícola fallida tras lo que significó el desastre de la 2022/23 donde la producción de trigo y soja tuvieron caídas interanuales superiores al 50% y del 35% en el caso del maíz, mientras que para la economía del país representaría una merma importante de dólares frescos en el comienzo del 2024. Este panorama empeoraría de manera muy significativa si esta situación de falta de lluvias se replica en la campaña gruesa, que recién está comenzando a dar sus primeros pasos.

Ganadería y economías regionales

Si bien la ganadería no vive una situación tan acuciante como la agricultura, la falta de lluvias sigue condicionando el crecimiento del pasto en los campos y la generación de reservas forrajeras para los animales, lo que empuja a los productores a desprenderse de manera anticipada de parte de su rodeo. De hecho, un informe del Mercado Ganadero RosGan señaló que durante septiembre continuó registrándose un elevado número de hembras con destino a faena, alcanzado a representar casi la mitad de los sacrificios, lo que habla de que el proceso de liquidación de vientres todavía está vigente.

En cuanto a las economías regionales, la crisis se hace más evidente. Según un informe de Coninagro, 13 de las 19 actividad relevadas durante agosto por la entidad se encuentran en crisis o con signos de la misma, ubicándose este mes como uno de los peores del año. Así, el sector algodonero, avícola, bovino, citrícola, forestal, de granos, lechero, de la mandioca, apícola, de la papa, porcino, tabaquero y vitivinícola atraviesan un delicado momento.

El trabajo en cuestión explicó que “los datos indican que los volúmenes de producción, la superficie o el stock estimado es menor a los registrados en la campaña anterior en 12 actividades como efecto de la sequía, las heladas y el granizo”, al mismo tiempo que remarcó que “las subas de precios por encima de la inflación que se observan en agosto siguen respondiendo a faltantes temporales, más que a causas de paridad internacional”.

Mercados

Si hay un eslabón del campo que sintió el golpe de la brecha e inestabilidad cambiaria y de la incertidumbre electoral fue el mercado de granos, que aún con un programa “dólar soja” en plena vigencia hasta el 25 de octubre, se encuentra prácticamente paralizado, con operaciones por demás de módicas. Para tomar como ejemplo, las ventas de soja desde que comenzó octubre se ubicaron en un promedio diario de 30.000 toneladas, cuando en septiembre la media se movía en torno a las 200.000 toneladas, según la BCR.

Lo mismo sucede con los negocios anticipados de granos, que se encuentran en mínimos de hace ocho años. Según la BCR, “los productores pactaron solamente 6,9 millones de toneladas de soja, maíz, trigo, girasol y cebada del nuevo año comercial 2023/24, con un promedio de los últimos 5 años de 17,5 millones para esta altura del año. Al mismo tiempo, de dicho total negociado solo el 41% tiene precio firme, siendo el segundo valor más bajo desde al menos los últimos 13 años”.

En diálogo con Infobae, el director de la consultora AZ Group, Sebastián Salvaro, “el campo llega a las elecciones con una actitud expectante”, ya que “prácticamente, en los últimos días no se han podido hacer compras ni ventas. Es decir, hay un frío comercial importante, que se resolverá de distinta manera de acuerdo a quien sea el candidato que resulte triunfador el domingo 22 de octubre. Mientras tanto, los productores están equipándose con lo necesario para volver a sembrar en el momento que llueva”.

Trigo
Trigo

“En este momento hay dos monedas en el aire: una corresponde al resultado de las elecciones y la otra, a cuándo comienzan efectivamente lluvias abundantes que vienen pronosticando los meteorólogos”, resume Salvaro.

En el contexto incierto actual, “tranqueras adentro” los productores “se están manejando con mucha cautela”, asegura Salvaro, quien plantea que “los planes de inversiones y de expansión están postergados; las ventas de activos dolarizados -por ejemplo granos- se realizan solo en la medida que se deben pagar obligaciones y se evalúa con detalle la tecnología por incorporar a los planteos de producción. Por ejemplo, en campos de mediano potencial muchos productores están optando por las más seguras sobre las de máxima rendimiento y mayor costo, por si se debiera enfrentar un próximo escenario poco favorable en términos climáticos y políticos”.

Expectativas

Como dijo Salvaro, las decisiones en el campo se tomarán una vez saldada, por lo menos, la incertidumbre política. No obstante, con este nivel de brecha cambiaria y una extrema volatilidad en los tipos de cambios paralelos, ”los productores de granos hoy no están deseosos de vender”, dijo el profesor del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral y analista del mercado de granos, Dante Romano.

El especialista puntualizó que “si bien los precios están altos, no los tienta vender porque la pregunta es qué hacer con el excedente de pesos en un contexto donde la dolarización es muy costosa. Las alternativas que tiene a mano ya las fue utilizando y la idea es que el grano que queda es mejor retenerlo que venderlo”.

“Hoy los suelos están muy secos y generan una incertidumbre muy grande. Con más razón intentan aferrarse al stock de granos que puedan llegar a tener pensando que quizá lo necesiten el año que viene para cumplir con sus obligaciones. Estas condiciones después de la elección no van a cambiar demasiado, con lo cual vemos a un productor que está pensando que las condiciones hacia adelante sean más abiertas a cuestiones de mercado, donde los mercados se normalicen. Eso lo mantiene con expectativas positivas, junto a las lluvias que podrían darse, pero la verdad es que entre la elección y la asunción se van a vivir momentos de zozobra muy importantes”, finalizó Romano.

Por su parte, el analista financiero, Salvador Vitelli, consideró que la expectativa del mercado y de los productor está puesta “en la eliminación de la brecha cambiaria”, ya que “la quita de Derechos de Exportación, si bien fue slogan de campaña, se entiende que es más remota su posibilidad de ocurrencia que la quita en la brecha por la unificación cambiaria”.

Las decisiones en el campo se tomarán una vez saldada, por lo menos, la incertidumbre política. No obstante, con este nivel de brecha cambiaria y una extrema volatilidad en los tipos de cambios paralelos, los productores de granos hoy no están deseosos de vender

“No obstante hay mucha cautela y no se están largando a vender, sumado a que las lluvias no han sido demasiado abundantes. Eso genera, teniendo en cuenta también la incertidumbre que tienen, un fuerte escenario de nula toma de decisiones con respecto a la comercialización de la campaña nueva. Hay muy poco vendido, porque el productor no sabe cuánto va a cosechar y está la duda de lo que va a pasar con el próximo gobierno. Es un escenario de fuerte incertidumbre, pero que al mismo tiempo lo encuentra bien parado en términos de compra de insumos”, dijo Vitelli, quien remarcó que “no esperaría un cambio drástico en la comercialización en caso de seguir en esta sintonía”.

En cuanto a la ganadería, la duda no pasa por si los productores venden o no, sino a que precio estará a partir del lunes la carne. De hecho, en la última semana, los precios del kilo vivo del novillito y novillo escalaron por encima de los $1.000 en el Mercado Agroganadero de Cañuelas.

De hecho, un informe del RosGan señaló que “a pocos días de las elecciones presidenciales, el sector comienza a reflejar un claro posicionamiento frente a lo que supone devendrá de manera casi inmediata tras los comicios. Más allá de los resultados y de los diferentes matices que se abren tras este cambio de ciclo político, existe en lo inmediato una expectativa en la que todos convergen y es la inminente corrección del tipo de cambio que se espera sucederá tras los sufragios”.

Para los analistas “esto es precisamente lo que ha comenzado a descontar el mercado en sus decisiones comerciales, regidas más por valores futuros que por resultados presentes. En este contexto, todos procuran arribar a este momento lo suficientemente capitalizados para lo cual se acelera la compra de hacienda en aquellos eslabones capaces de retener y stockear mercadería, difiriendo la venta”.

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