Alberto Fernández La Rioja Catamarca
"No es Plan Platita, es Plan Justicia", dijo el Presidente

Ha terminado agosto y resulta evidente que algunas cuestiones no han tenido los resultados que el gobierno hubiese querido que tengan. Los tipos de cambio financieros se apreciaron hasta un 43%, la inflación probablemente se haya situado en los dos dígitos y el poder adquisitivo ha quedado pulverizado ante una devaluación que ya no se deja esperar para hacerse notar en las góndolas: el mismo día en el que el BCRA corrigió el tipo de cambio oficial hasta los 365,50 pesos por dólar (que empujó también la corrección de todo el resto de las cotizaciones) todos ajustaron sus precios, ya sea movilizados por el miedo, la intuición o simplemente por la experiencia de vivir en un país que nunca da respiro.

Los planes del gobierno para combatir su propia inoperancia parecen estar pasados de época. Los congelamientos del transporte público, de las tarifas de servicios públicos y de las cuotas de las prepagas evidencian un agotamiento absoluto del modelo kirchnerista, aquel donde solo se intenta incentivar el consumo llenando de emisión monetaria los bolsillos de todos.

La extensión del programa Precios Justos ha sido otra de las medidas impulsadas esta semana por el equipo económico para “combatir la inflación”. A pesar que desde su creación allá por principios de 2014 (donde el nombre del programa era Precios Cuidados) la inflación acumula cerca de 4.200%, parece que se sigue insistiendo en que estos controles lograrán apaciguar el desorden que reina en los precios. Incluso el esquema sigue siendo ridículo tal como lo fue siempre: no todos los productos terminan estando disponibles en las góndolas, los mismos controles presionan sobre el resto de los precios de los productos y solo el 30% de las personas logra acceder a comercios donde los Precios Justos se ofrecen.

El bono compulsivo de 60.000 pesos impuesto por el gobierno para todos los empleados públicos y privados no ha generado más que críticas, dejando en el olvido otros tiempos donde este tipo de anuncios “nacionales y populares” hubiesen generado gran algarabía y efusividad

El ocaso más evidente ha sido sin dudas el “Plan Justicia”, tal como lo ha denominado el propio Presidente Alberto Fernández. El bono compulsivo de 60.000 pesos impuesto por el gobierno para todos los empleados públicos y privados no ha generado más que críticas, dejando en el olvido otros tiempos donde este tipo de anuncios “nacionales y populares” hubiesen generado gran algarabía y efusividad. Ya no solo los empleadores de todo tipo y tamaño expresaron su malestar por tener que afrontar un pago que no tenían previsto (y que muchos están imposibilitados de ejecutar) sino que también catorce gobernadores expresaron su desacuerdo y manifestaron su decisión de no pagar el bono propuesto por el gobierno nacional.

El populismo parece terminarse o al menos esta etapa que ya lleva más de 20 años de vida. El esquema populista se ha llevado consigo el sistema jubilatorio, el superávit fiscal logrado luego de la salida de la Convertibilidad, el superávit energético, las reservas del Banco Central, la inversión extranjera, la meritocracia, la libertad cambiaria, la educación de calidad, la estabilidad de precios y tantas otras cosas, logrando llevar a la Argentina hacia un nivel de decadencia jamás imaginado. Todas las medidas populistas que en estos tiempos puedan implementarse ya no lograrán evitar un desenlace triste y penoso para lo que probablemente se recordará como uno de los peores gobiernos de la historia argentina.

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