Al tope del ranking de tasas nominales figura la Argentina, con su 118% nominal (REUTERS/Agustin Marcarian/Illustration)
Al tope del ranking de tasas nominales figura la Argentina, con su 118% nominal (REUTERS/Agustin Marcarian/Illustration) (AGUSTIN MARCARIAN/)

Entre las 40 economías más grandes del mundo, la economía argentina ostenta un doble y curioso récord: es la que tiene la tasa de política monetaria más alta del mundo, del 118% nominal anual, pero resulta que esta es a su vez la tasa más baja en términos “reales”, esto es, una vez que se tiene en cuenta la tasa de inflación de cada país.

Según el Boletim Focus del Banco Central de Brasil, que actualizó recientemente esa información, al tope del ranking de tasas nominales figura la Argentina, con su 118% nominal, seguida de Turquía con 25% (casi cinco veces menos), Hungría 14%, Colombia 13,25% y Rusia 13 por ciento.

Las amplias diferencias entre la Argentina y el resto del Top 5 de tasas nominales es una muestra más de cuán fuera de escala está la tasa de inflación del país o –como dicen los economistas en su jerga- cuán alta es la “nominalidad” de la economía.

Justamente por esa razón, un proceso inflacionario cada vez más acentuado, la Argentina pasa de encabezar el ranking de tasas nominales a ser el último en el ranking de tasas reales del mismo grupo de 40 países.

Si se pone a ese listado patas para arriba, la Argentina lo encabeza con un “rendimiento” negativo de 25,79%. Esto es, un depósito a un año al 118% provocaría al depositante una pérdida real del 25,79%, debido a la alta inflación que vive el país.

En el ranking invertido de tasas reales más bajas a la Argentina le siguen, pero desde muy lejos, Turquía (-4,79%), Japón (-1,81%), Polonia (-1,09%) y Taiwán, que ya registra una tasa levemente positiva de 0,03 por ciento.

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La Argentina y Turquía sobresalen claramente como las economías más inflacionarias de los 40 países considerados. Además, en los últimos meses la Argentina empezó a despegarse cada vez más de Turquía, que tras la reelección presidencial de Recep Tayip Erdogan dio un claro giro de política económica en general y de política monetaria en particular nombrando un nuevo equipo económico, decidido a combatir la inflación.

El caso de Brasil

Otra novedad es que debido a la reciente baja de 75 puntos básicos en la tasa Selic, esto es, la tasa de política monetaria que maneja el Banco Central de Brasil, el gigante sudamericano dejó de encabezar el ranking de tasas reales más altas del mundo, esto es, aquel en que la tasa nominal supera por mayor margen la tasa de inflación. Hace al menos un par de años que Brasil lideraba ese ranking, que pasó ahora a encabezar México, con una tasa “real” del 6,61%, seguido por Brasil con 6,40%, Colombia 5,10, Hungría 5,05% e Indonesia 4 por ciento.

La reciente decisión del Banco Central de Brasil de reducir la tasa Selic en 75 puntos básicos, de 13,25 a 12,50% anual, es consecuencia de la fuerte reducción de la tasa de inflación brasileña desde mediados del año pasado. De paso, contribuye a aliviar las críticas que desde que asumió, el primero de enero pasado, el presidente Luiz Inázio “Lula” da Silva empezó a realizarle al presidente del Banco Central, Roberto Campos Neto, cuestionando su independencia y alegando que con las altas tasas de interés que mantenía, la entidad hacía imposible que la economía brasileña “vuelva a crecer”. Campos Neto, sin embargo, se mantuvo firme y recién en las últimas semanas, ya afirmada la reducción de la inflación, redujo la tasa Selic e incluso ahora existe la expectativa de que la vuelva a reducir en los próximos meses.

Roberto Campos Neto, presidente del Banco Central de Brasil: resistió las presiones de Lula y logró consolidar la baja de la tasa de inflación brasileña (Marcelo Camargo/Agencia Brazil/d / DPA)
Roberto Campos Neto, presidente del Banco Central de Brasil: resistió las presiones de Lula y logró consolidar la baja de la tasa de inflación brasileña (Marcelo Camargo/Agencia Brazil/d / DPA)
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Una tasa de interés alta, superior a la inflación, es un clásico reclamo que el FMI le hace a los países con alta inflación, como la Argentina, para bajar la inflación. Pero debido a la altísima deuda “cuasi-fiscal”, ya del orden de los 21 billones (millones de millones) de pesos, que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) tiene con el sistema bancario local debido a la colocación de Leliqs y otros “instrumentos de política monetaria” para impedir que el exceso de pesos impulse una mayor demanda de bienes o dólares e impulse aún más la inflación, en la Argentina el aumento de la tasa de interés tiene como contraindicación un aumento cada vez más rápido de los “pasivos remunerados” del BCRA. Esa monumental deuda “cuasi-fiscal” es el mayor escollo a la “dolarización” que propone Javier Milei, pues para convertir a dólares esa deuda se necesitarían más de 30.000 millones de la moneda norteamericana, además de los USD 10.000 millones necesarios para canjear por dólares la llamada “base monetaria”.

Es cierto, a su vez, que la tasa de política monetaria “efectiva” de la Argentina es del 209% anual, que resulta de reinvertir cada 30 días el capital más los intereses de un depósito al 118% nominal anual. Ese cálculo delata a su vez el increíble cortoplacismo en que se ven obligados a actuar los agentes económicos en la Argentina.

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