“¿Cuántas personas saben en Argentina lo que la palabra “gravoso” significa?”, esa es la primera línea de manifiesto de Lógica, una ONG que nació el año pasado y cuyo foco es lograr la concientización fiscal en un contexto local que definen como una “plaga impositiva”.

“Somos los campeones del mundo también en cantidad de Impuestos”, resume Matías Olivero Vila, quien hace dos años dejó su puesto en de líder Departamento Tributario en el estudio Estudio Bruchou, Fernández Madero & Lombardi, al que ingresó en 1993, para presidir esta ONG cuyo manifiesto concluye diciendo que Argentina va a cambiar “si todos y cada uno entendemos que ser el país más gravoso es una desgracia colectiva y personal”.

Olivero Vila es abogado y contador público de la UCA e hizo el “International Tax Program” en Harvard, EEUU. Es miembro de la Asociación Argentina de Estudios Fiscales, de la International Fiscal Association y de la International Bar Association (IBA). Fue vicepresidente del Departamento de Política Tributaria de la Unión Industrial Argentina (UIA) y miembro del Consejo Consultivo Honorario de Asuntos Fiscales de la Cámara de Sociedades Anónimas desde 2006.

— ¿Cuáles son los objetivos de Lógica?

— Es un proyecto que nació de la incredulidad. Nos dedicamos a la concientización fiscal, a explicar por qué se generó la “plaga fiscal” que vivimos. La causa no es el populismo, ni los políticos, es la falta de cultura fiscal de los argentinos. ¿Los impuestos nos cuestan como a los chicos las matemáticas en la escuela? ¿Somos unos genios en arte, tenemos una cultura en psicología mucho más profunda que en otros países, también en temas como igualdad de género y derechos humanos, pero nos cuestan los impuestos, entender qué estamos pagando? La conclusión es que tenemos un régimen que oculta los impuestos.

— ¿Por ejemplo?

— Por ejemplo, el artículo 39 de la ley de IVA. A las empresas les dan toda la información desagregada. ¿La empresa vota? No. ¿La gente vota? Sí. Entonces le esconden toda la información. Ese artículo dice expresamente que no deberá discriminarse el IVA al consumidor final. Todos los países de la región discriminan el IVA. Brasil, por ejemplo, no sólo lo hace sino que detalla a qué jurisdicción van. Eso fue lo que generó el cambio en 2012 que terminó con la reforma tributaria, la más importante de los últimos 30 años. Fue porque la gente empezó a involucrarse. Cuando somos conscientes de los impuestos que pagamos, nos involucramos. Y cuando nos involucramos exigimos impuestos lógicos, recibir servicios acordes del Estado y la conciencia fiscal hace que nos preocupemos por el gasto público. Brasil exige la exposición al consumidor final de todos los impuestos que puedan tener incidencia en la formación del precio. Menos Ganancias y el impuesto Previsional, todos los demás se tienen que exponer. Eso es lo que nosotros queremos para la Argentina, lo que proponemos desde Lógica y por ese motivo desde esta semana hicimos una petición en Change para la exposición, la discriminación de los impuestos en los tickets de consumo masivo.

— ¿Eso es lo primero que tendría que hacer el próximo gobierno?

— Fundamental. La tragedia fiscal de la Argentina no se soluciona pura y exclusivamente con esto, pero no hay solución posible si antes la ciudadanía no está concientizada y entiende los impuestos y lo que cuesta este nivel de gasto público. Es el primer paso ineludible para que haya un régimen de gastos lógicos, de impuestos lógicos. Para terminar teniendo un país lógico.

— ¿Argentina es el país que tiene los impuestos más altos del mundo?

— Sí y por triple método. Primero el más conocido, el estudio del Banco Mundial llamado Doing Business (Haciendo Negocios). Es una metodología súper simple: diez datos de una pymes de 60 empleados y un margen bruto de ventas del 20%; es decir, vende una maceta en 120 lo que de costo cuesta 100. El estudio es para 190 países. Contratan a una auditora internacional, lo ven 1.100 tributaristas y están los funcionarios de los distintos países contestando y reclamando si algo está mal calculado. Más transparente, imposible. El índice impositivo en Argentina es 106%: somos el único país al que las utilidades de esa pyme testigo no le alcanzan para pagar los impuestos. Eso le da a Chile, con un gobierno de izquierda, un 36%, y a Paraguay, con uno de derecha, un 37 por ciento. Un tercio de lo que nos da a nosotros. A Brasil, que está entre los países con impuestos más altos, le da 65 por ciento. Un país comunista, como China, saca 59% por ciento. Uno más populista, como Venezuela, 73 por ciento.

— No parece ser un tema ideológico.

— No. Más allá de cualquier ideología los datos dan lo que dan. Además, la UIA puso a tributaristas y economistas a analizar el tema. En presión fiscal en el sector formal de la economía, el país es número uno entre los 30 más importantes. El empresario trabaja más para el Estado que para sí mismo. Y después los tributaristas analizan siete impuestos, los más importantes, y en seis tenemos los más altos dentro de ese grupo de países. Por tres métodos llegamos a la misma conclusión.

— Volviendo a lo que dijo de Venezuela, ¿nuestra posición es mucho peor que la del país con los peores indicadores de la región?

— Así es. Impuesto por impuesto, somos más gravoso o tenemos algunos que ellos ya no tienen. Son uno de los países con impuestos más altos del mundo y nosotros los superamos por un 50 por ciento.

— ¿La situación impositiva local siempre fue así o hubo un punto de quiebre?

— Hay una percepción de que esto es de los últimos años y no es así. El gobierno decía que bajó los impuestos: este indicador del Banco Mundial bajó de 137 a 106, pasamos de coma 3 a coma 2 en terapia intensiva. Con ese número también era imposible competir. Cuando se habló de que vendría una “lluvia de inversiones” los tributaristas fuimos testigos de cómo esa lluvia se secó rápido. Los inversores nos preguntaban cuál era la alícuota de Ganancias y no podíamos contestarles porque no teníamos ajuste por inflación. Antes, a partir de 2002, empezó la carrera por el exceso en el gasto público, que casi se duplicó en 20 años. De la otra cara de la moneda están las tres fuentes de financiamiento: impuestos, donde somos número uno desde hace 7 años; financiamiento con inflación, número tres en el mundo según el FMI; y endeudamiento. Con Venezuela somos los únicos que aparecemos top ten de esos tres rankings, del “triatlón fiscal”. Y desde hace 7 años quedamos prácticamente en el último puesto, que en rigor lo ocupa Comoras que no existe. Todos los otros países africanos fueron haciendo reformas tributarias y nos dejaron últimos.

— ¿Cuáles por ejemplo?

— Sierra Leona, Burundi, República Centroafricana, Congo y Gambia.

— ¿Qué hicieron?

— Reformas tributarias. Hoy, por ejemplo, Sierra Leona tiene un indicador del 37% en el Doing Business, parecido a Chile y Paraguay. Nos dejaron últimos.

— ¿Qué cantidad de impuestos sería razonable?

— No más de diez. Los países normales tienen un IVA o un impuesto a las ventas y ganancias. Algunos tienen impuesto patrimonial, no muchos: en Occidente sólo seis. Y algún otro a nivel municipal o estadual. Cualquier cosa por encima de diez es zona de dislate. Nosotros tenemos más de 140.

— ¿Cuál es el peor, el más regresivo?

— Ingresos Brutos es, por lejos, el más nocivo. Nos podemos imaginar una la cinta de producción donde se le van poniendo distintos ingredientes impositivos que se van acumulando a un alimento. Al final del día, esa suma da 40-42% para los alimentos y 48% para las bebidas. Ingresos Brutos es uno de los que más incidencia tiene, casi similar al IVA. Un país no puede vivir con dos impuestos al consumo similares en cuanto a impacto como el IVA e Ingresos Brutos.

¿Somos unos genios en arte, somos buenos en temas como igualdad de género y derechos humanos, pero nos cuestan los impuestos? La conclusión es que tenemos un régimen que oculta los impuestos

— ¿Se pueden bajar impuestos?

— Sí, hay muchos casos. Irlanda, Estados Unidos, Paraguay. ¿Las publicidades de “invierta en Paraguay”, por dónde empiezan? Por lo fiscal. Era un país que antes nosotros mirábamos desde arriba y hoy lo estamos mirando desde abajo en términos de inversión. Con ese 10-10-10 que tienen para ganancias, IVA y renta para extranjeros lograron no sólo que no baje la recaudación sino que aumente. Irlanda, lo mismo, con otro esquema: bajaron el impuesto corporativo del 30% al 12,5% y la recaudación se multiplicó por tres veces y media. Mientras no bajemos los impuestos más altos del mundo vamos a seguir teniendo una de las evasiones más altas.

— El argumento de la política es justamente eso, que no se sacan impuestos porque se perdería recaudación.

— Pero no es así. Tenemos una “triple Nelson” de evasión y una recaudación que ha llegado a un límite donde ya no puede seguir creciendo porque la gente se pasa a la informalidad o se va del país. Esta es la famosa Curva de Laffer, pero deberíamos llamarlo a Laffer para explicarle qué pasa acá.

— ¿A ver, cómo sería?

— Acá tenemos “la curva de Buquebus”, que es mucho más exacta que la suya. Laffer dijo que la evasión o el pase a la informalidad iba a ocurrir con la sanción de una ley y acá tuvimos apenas el anuncio de la ley, por ejemplo del aporte solidario, y la gente salió eyectada a otros países, a tomar el ferry para cruzar a Uruguay. Laffer supuso que eso se daba para los altos patrimonios, para las grandes empresas, y acá también tenemos “la curva de Ezeiza”, con jóvenes a los que no les queda otra que irse.

“El sistema impositivo es como un volcán. Esta semana fueron estas, la pasada el anticipo extraordinario para las empresas y antes el aporte extraordinario. El problema es el magma que está debajo”

— ¿Pensando en una eventual reforma tributaria, cuáles son las tres cosas centrales que tendría que tener?

— Primero bajar la cantidad de impuestos. Segundo, ir a alícuotas normales. Es decir, en el caso de Ganancias no hay país que aplique 35% más 7% en los dividendos en estos momentos. No hay nada que inventar.

— ¿Cree que alguno de los candidatos que están con chances de ser Presidente puede ir por este camino?

— No lo están analizando para la primera instancia. Alguno de ellos dijo que al principio no se pueden bajar los impuestos. Si no se bajan se está confirmando que la gente, especialmente aquellos que están debajo de la línea de pobreza, 18 millones de argentinos o 221 estadios de River Plate repletos, van a tener que seguir pagando un producto para ellos y otro para el Estado porque eso es lo que significa decir un 48-50% de impuestos en el precio final. Y vamos a seguir teniendo los actuales niveles de evasión.

— ¿Qué opinión le merecen los últimos anuncios de esta semana que pasó?

— Es más de lo mismo. El sistema impositivo es como un volcán y cada tanto tenemos estos géiseres y estas erupciones con cada una de las medidas. Esta semana fueron estas, la pasada el anticipo extraordinario para las empresas y antes el aporte extraordinario. El problema es el magma que está debajo de ese volcán. Eso es lo que hay que apagar.

— Ya que lo mencionó, con el aporte solidario el Gobierno dice que realizó inversiones como el gasoducto de Vaca Muerta. ¿Cuál es su evaluación?

— Al final, ningún país tuvo un impuesto patrimonial para afrontar el Covid. Se analizó en diez países por lo menos, pero ninguno lo sancionó. El problema no es ese impuesto. Un país que es desde hace tanto tiempo el más gravoso del mundo no puede sancionar ningún impuesto más. Chile lo estudió y casi le dieron media sanción. Ellos tenían, si se quiere, “capacidad fiscal ociosa”. Argentina no la tiene. Entonces el problema no es el aporte solidario, el problema es sumar un nuevo impuesto cuando ya somos los campeones del mundo.

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