Tras un pico en 1972, el dólar perdió valor en los 3 años siguientes, hasta que en junio de 1975 Celestino Rodrigo aceleró la historia de las megadevaluaciones argentinas
Tras un pico en 1972, el dólar perdió valor en los 3 años siguientes, hasta que en junio de 1975 Celestino Rodrigo aceleró la historia de las megadevaluaciones argentinas

En su reciente clase magistral en La Plata la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner (CFK) mostró un cuadro según el cual de 1972 a 2014 hubo 54 corridas cambiarias.

La también dos veces presidente contó dos corridas cambiarias durante la dictadura de Alejandro Lanusse y solo una en el período 1973-1976 (que englobó como “segundo peronismo”, sin distinguir los 49 días de la llamada “primavera camporista” del gobierno Perón-Perón), a lo que siguieron nueve corridas en lo que llamó “DCM” (por “Dictadura Cívico-Militar”), diez durante el gobierno de Raúl Alfonsín, doce durante los poco más de diez años y medio de presidencia de Carlos Menem, seis durante la de Fernando de la Rúa, una durante el interinato de Eduardo Duhalde y trece durante los poco más de doce años y medio de previos gobiernos kirchneristas: dos durante la presidencia de Néstor Kirchner y otras once durante las suyas.

Una última columna, titulada “Persistencia”, expresaba (en porcentajes) cada cuántos meses los diferentes gobiernos sufrieron corridas cambiarias: el más castigado fue el de Dela Rúa, con una cada 4 meses según la cuenta de la hoy vice, y los que menos el “segundo peronismo”, con una corrida en 34 meses, y el de Kirchner, con dos en poco más de 54 meses (la cuenta para el período de Lanusse era errada: según la explicación al pie debía decir 7%, pero consignaba 13%). Además, Cristina dejó de lado las corridas cambiarias ocurridas durante el gobierno de Mauricio Macri y el del que hoy integra, pero del que desde la derrota electoral de 2021 buscó despegarse sin ceder espacios de poder ni de caja.

El huevo y la gallina

La vicepresidente vinculó la inflación argentina, incluida la actual, a las devaluaciones del peso respecto del dólar, sin explicar por qué los argentinos ahorran y “piensan” en dólares; esto es, ignoró la inflación como causa del recurso de protegerse ahorrando en una moneda diferente de la nacional, pese a que la inflación, la escasez de divisas, las corridas cambiarias y los shocks devaluatorios han sido un fenómeno recurrente de la economía argentina desde hace más de 70 años, que se profundizó a partir de 1975, cuando ocurrió el “rodrigazo”, megadevaluación que –paradójicamente– sucedió, a estar del cuadro que exhibió CFK, en pleno período de menor “persistencia” de corridas.

Cristina Kirchner, durante su "clase magistral" en la Universidad de La Plata (Agustin Marcarian)
Cristina Kirchner, durante su "clase magistral" en la Universidad de La Plata (Agustin Marcarian) (AGUSTIN MARCARIAN/)

La inflación no es un problema congénito de la economía argentina, que entre 1810 y 1940 tuvo una sola década de inflación promedio de dos dígitos: 16% anual entre 1831 y 1840. El siglo XX se inició con inflación bajísima: 1,8% anual en la primera década, 7,5% en la segunda, -3,3% en la tercera, -0,2% en la cuarta, estas dos últimas afectadas por la crisis iniciada en 1929. Trepó a dos dígitos anuales durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, a fines a fines de los 40, y saltó al inicio de los ‘50 a más del 30% anual, cuando en el BCRA se agotaron las divisas acumuladas durante la Segunda Guerra mundial y el dólar empezó a ser visto como vehículo de ahorro. Perón enfrentó esa primera crisis con un muy ortodoxo plan de estabilización, en los 60s la inflación bajó a un promedio anual del 21,6% y se desmadró a partir de los ‘70.

La primera corrida de este período anotó un pico del dólar en 1972. En los 3 años siguientes el valor real de la moneda norteamericana cayó fuertemente, en especial durante la gestión económica de José Ber Gelbard, ministro de Economía de Cámpora y Perón, que congeló precios y salarios y sobrevaluó la moneda argentina para “anclar” los precios, acumulando desequilibrios luego reflejados en escasez y mercado negro de productos y una creciente escasez de reservas.

El 5 de junio de 1975 Celestino Rodrigo le quitó el corsé al dólar, los precios y las tarifas. La nafta subió 181%, el dólar y las tarifas se duplicaron, la inflación de ese mes fue del 44% y cerró el año en 183% en medio de la espiral precios-salarios. El gobierno había buscado fijar un techo paritario del 38%, pero textiles y metalúrgicos consiguieron aumentos del 130%. El dólar comercial, que durante 1973 y 1974 se había mantenido en $5 y en marzo de 1975 había llegado a $10, saltó a 24 en junio y a 40 en noviembre. El “financiero” rozaba fin de año rozaba los $60 y el “negro” valía 127 pesos, equivalentes a unos $560 de hoy.

Tras una etapa inicial de dólar caro, José Alfredo Martínez de Hoz, el ministro de Economía que más permaneció en el cargo en la dictadura buscó combatir la inflación con la “tablita” y, con apertura financiera, prohijó la “plata dulce” del “deme dos” en Miami. Otra vez el dólar como “ancla” inútil contra la inflación, pero con ésta ya afirmada en los 3 dígitos anuales.

Una tras otra

La salida llevó a una seguidilla de devaluaciones entre 1981 y 1991, abarcando el final de la dictadura y los infructuosos intentos del gobierno de Alfonsín por controlar la inflación y el dólar, cosa que logró hacer breve y levemente con el Plan Austral; 1986 fue el único año de los 16 que van de 1975 a 1990 en que la inflación anual fue inferior al 100%, y no por mucho: 90 por ciento.

En una reciente presentación, Carlos Melconian, presidente del Ieral de la Fundación Mediterránea, comparó el actual trance de la economía con el “destartalamiento” del Plan Austral, proceso que se aceleró en la segunda mitad de 1988. Las similitudes con la actual gestión son varias, de distinto tipo.

Raúl Alfonsín y Juan Sourrouille, cabeza política y económica del Plan Austral, que en 1986 puso la inflación por debajo del 100%, pero sufrió luego un largo "destartalamiento"
Raúl Alfonsín y Juan Sourrouille, cabeza política y económica del Plan Austral, que en 1986 puso la inflación por debajo del 100%, pero sufrió luego un largo "destartalamiento"

La primera es anecdótica: el “Plan Primavera” con que Alfonsín buscó detener la espiral de inflación y devaluación del austral se lanzó un 3 de agosto, el mismo día en que en 2022 asumió Sergio Massa.

En el verano 1988/89 la gestión alfonsinista se topó con una sequía que dejó a las represas del Comahue sin agua y, junto a la salida técnica de las centrales nucleares, llevó a una severa crisis energética y cortes de suministro eléctrico en todo el país.

Además, aunque había empezado a disiparse, aún se sentía el efecto del “súperdólar” y el aumento de las tasas de interés con que la Fed de EEUU había combatido la inflación, los precios de las materias primas agrícolas eran bajos (ahora no, pero son inferiores a los de 2022) y el gobierno no lograba restructurar la deuda externa con los bancos ni cumplir los acuerdos con el FMI, que se sucedían a fuerza de waivers (dispensas o “perdones” de metas) y renegociaciones.

En el primer bienio menemista hubo dos notables corridas cambiarias, la última de ellas inducida, para llevar el moribundo austral a cerca de 10.000 por dólar

El destartalamiento del austral se aceleró el 6 de febrero de 1989, cuando el BCRA anunció que ya no licitaría los dólares “comerciales” que compraba a los exportadores (no tenía más), dispuso un feriado cambiario de 48 horas, anunció que el dólar flotaría y fijó una “pauta” de devaluación del 6% mensual que no pudo hacer cumplir porque, entre otras cosas, acumulaba una fuerte deuda con los bancos por la retribución a los “depósitos indisponibles”, equivalente de los hoy “pasivos remunerados” en Leliqs, Notaliqs y Pases.

Por otra parte, el gobierno estaba muy debilitado políticamente: dos semanas antes se había producido el ataque al Cuartel de La Tablada, y un año antes el PJ había recuperado el gobierno bonaerense, era mayoría en ambas cámaras del Congreso y se sentía seguro de ganar la elección presidencial de fines de ese año.

Al respecto, vale la pena recordar la secuencia de tasas de inflación mensual de aquellos meses: de 5,7% en noviembre 1988 pasó a 6,8% en diciembre, a 9% en enero de 1989, 9,5% en febrero, 17% en marzo, 33% en abril y 78% en mayo, mes para el que Alfonsín adelantó las elecciones presidenciales, en las que el candidato peronista, Carlos Menem (cuyo vocero económico, Guido di Tella, prometía “un dólar recontra-alto”), se impuso claramente. El alfonsinismo también acusó a quien sería el primer canciller menemista, Domingo Cavallo, de haber ido a EEUU a decirle al FMI y al Banco Mundial que no se harían cargo de créditos descaminados al gobierno saliente. La inflación rozó en junio el 200% mensual y cerró el año en más del 3.000 por ciento.

Remes Lenicov
Duhalde y Remes Lenicov, presidente y ministro de Economía que asumieron el fin del "uno-a-uno" entre el peso y el dólar

En el primer bienio menemista hubo dos notables corridas cambiarias, la última de ellas inducida para llevar el moribundo austral a cerca de 10.000 por dólar, quitarle 4 ceros y lanzar, en abril de 1991, el “uno-a-uno” del peso argentino, la nueva moneda, con el dólar, 15 meses después de que, plan Bonex mediante, como recordó CFK en La Plata, el BCRA licuara los fondos de los ahorristas en el sistema bancario y mejorara su propio balance. En los meses previos, además, la tasa de interés internacional había descendido rápidamente y los precios de las materias primas favorecían a la Argentina.

Fue un período de estabilidad monetaria y cambiaria, pero a lo largo de 10 años el dólar fue perdiendo poder adquisitivo hasta tocar, a precios de hoy, unos $160, al tiempo que crecía la deuda externa. En diciembre de 2001, tras poco más de dos años de gestión de Fernando de la Rúa, se produjo la debacle. El Congreso aclamó el default dispuesto por Adolfo Rodríguez Saá y, tras una semana de 5 presidentes, asumió Eduardo Duhalde prometiendo: “el que depositó dólares, recibirá dólares”. Que no podía devolver, porque no había. Jorge Remes Lenicov, su ministro, intentó una devaluación “controlada” del 40%, pero terminó por flotar el dólar, que a mediados de 2002 llegó a un valor que, traducido valores de hoy, serían unos 530 pesos. Remes, que contó aquella experiencia en un reciente libro, siente “tristeza” porque todo aquel esfuerzo “está siendo desperdiciado”.

La Argentina tiene actualmente la tercera inflación más alta del mundo, en marzo superó incluso la marca de Venezuela

Arrancando de un dólar tan caro, con un envión económico que al asumir ya llevaba un año y una inflación controlada por cierta “inercia de estabilidad” que, a pesar del sofocón tras la salida del uno-a-uno, legó la convertibilidad, Kirchner casi no tuvo corridas bancarias. Con “superávits gemelos”, acumuló reservas en el BCRA y con parte de ellas saldó la deuda con el FMI, aunque el gobierno ya no estaba sujeto a ninguna “condicionalidad” del organismo, pues el último acuerdo ya había vencido. Y en los años siguientes, a medida que la inflación se fue deslizando, chapuceramente oculta por la manipulación de los datos del Indec, el dólar se volvió a retrasar.

En los últimos 15 años, recordó a vuelo de pájaro Gustavo Reyes, economista del Ieral, hubo al menos 10 corridas cambiarias. La primera ocurrió entre 2008 y 2009, cuando una severa sequía se juntó a la crisis internacional por la quiebra de Lehman Brothers y el kirchnerismo se topó con su primera recesión y caída (casi 4%) del PBI. El dólar no subió, pero el BCRA perdió reservas. El superávit fiscal se había esfumado, pero el déficit era apenas incipiente y la escasez de recursos públicos fue compensada con la reestatización del sistema previsional.

La siguiente corrida de consideración se produjo en las semanas previas a la reelección por amplio margen, en 2011, de CFK, que en los días siguientes instauró el “cepo” cambiario. La abundancia de dólares ya era cosa del pasado.

Axel Kicillof y Juan Carlos Fábrega, protagonistas de la devaluación de 2014
Axel Kicillof y Juan Carlos Fábrega, protagonistas de la devaluación de 2014

Resurgió así la realidad de la “brecha cambiaria” (diferencia entre el dólar oficial y el o los paralelos), pero el gobierno no pudo evitar a principios de 2014 una devaluación del 23% del tipo oficial durante la gestión de Axel Kicillof en Economía y Juan Carlos Fábrega en el BCRA. Entonces, las reservas netas eran de unos USD 18.000 millones, contra los menos de USD 2.000 millones que se calculan hoy. Además, la tasa de inflación era cercana al 25%, contra más del 100% en la actualidad.

Las siguientes corridas fueron en la gestión macrista: a principios de 2018, el abrupto freno del crédito externo del que el gobierno había abusado y una sequía que, sumada a precios externos bajos y tormentas y exceso de agua al momento de la cosecha, dejaron al gobierno al borde del default y a tiro del FMI, que le concedió un crédito inicial de USD 50.000 millones, luego estirado a USD 57.000 millones, porque no amainaba la corrida.

Mauricio Macri entre Christine Lagarde y Nicolás Dujovne, gestores del crédito del FMI de hasta USD 57.000 millones acordado en 2018
Mauricio Macri entre Christine Lagarde y Nicolás Dujovne, gestores del crédito del FMI de hasta USD 57.000 millones acordado en 2018 (POOL New/)

El siguiente golpazo fue el post-PASO, cuando la derrota del gobierno llevó, el lunes 12 de agosto, el dólar de $42 a 62 pesos, casi 50% de aumento en un día. En junio, el precandidato Alberto Fernández había dicho al FMI que revisaría el acuerdo, en julio que usaría los intereses de las Leliq para pagar un aumento del 20% a los jubilados y en agosto, ya candidato y seguro ganador después de las PASO y en una reunión con funcionarios del Fondo, acusó al gobierno y al FMI de ser “responsables por la catástrofe social”.

En su tramo final, el gobierno de Macri “reperfiló” la deuda doméstica y restableció el cepo cambiario, primero con un límite de ventas bancarias demasiado generoso (USD 10.000 mensuales ) y tras la elección, uno mucho más estrecho, de USD 200 al mes, que se mantiene hasta hoy y que el actual gobierno encareció con recargos y percepciones respecto al tipo oficial.

Dólar Inflación
El gráfico muestra, a valores actuales, los picos del dólar, a valores actuales, desde enero de 2019

Ya durante el actual gobiernos las corridas más notables sucedieron en octubre de 2020, apenas dos meses después de la restructuración de deuda con acreedores privados que había abrochado el ministro Martín Guzmán. De hecho, según cálculos del economista Fernando Marull, fue el nivel más alto al que llegó el dólar blue o libre durante el actual gobierno: unos $680 a valores de hoy, por encima de los que alcanzó en las siguientes dos corridas: $540 en julio del año pasado, en la transición entre la renuncia por Twitter de Guzmán y la fugaz gestión de Silvina Batakis, y los $497 a que llegó el martes pasado, tras 10 jornadas consecutivas de alza, que Economía logró frenar en los últimos 3 días, aunque con un respingo hacia arriba en la jornada del viernes.

Comparaciones internacionales

Las comparaciones internacionales también sirven de guía: la Argentina tiene actualmente la tercera inflación más alta del mundo, en marzo superó incluso la marca de Venezuela y, sobre un listado de 33 países del mundo que compila el consultor norteamericano Charles Bilello, fue el único que se anotó en dos listas: fue uno de los dos en que la inflación acumulada de los 12 meses previos superó el 100% (el otro, Venezuela) y uno de los dos en que la tasa de marzo superó la de febrero (el otro, Reino Unido).

Breard Latin Context Dólar Peso Devaluación
El peso argentino lidera el ranking de devaluación de los últimos 5 años

La historia de la inflación y las devaluaciones argentinas no es muy diferente así se miren 50 o 5 años atrás. En una reciente presentación en el “Argentina Green Summit 2023″ organizado por la consultora internacional IN VR sobre la situación y perspectivas del país en materia de energías renovables, Pablo Breard, execonomista jefe del canadiense Scotia Bank y presidente de Latin Context, mostró cuánto se devaluaron una variedad de monedas de América Latina, Asia y Europa respecto del dólar en los últimos 5 años. Con más del 90%, la Argentina lidera cómoda la muestra, seguida de Colombia (37,5% de devaluación), Brasil (31,5%), Chile (24,4), muy lejos de la pérdida de valor de las monedas asiáticas como el yen japonés, el won coreano y el yuan chino, y de las europeas y a contramano del 3,5% que en el mismo período se apreció el peso mexicano.

Con semejante récord, con o sin dolarización, convencer a los argentinos de no huir del peso es el principal desafío de cualquier gestión económica que pretenda cortar con un historial de corridas cambiarias, devaluaciones e inflación que ya lleva más de medio siglo de intentos de estabilización fracasados.

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