Ahora bien, si el Estado financia parte del gasto público con deuda interna, presiona al alza a la tasa de interés y desplaza a sector privado del mercado de crédito -crowding out- (Reuters)
Ahora bien, si el Estado financia parte del gasto público con deuda interna, presiona al alza a la tasa de interés y desplaza a sector privado del mercado de crédito -crowding out- (Reuters) (AGUSTIN MARCARIAN/)

Cuando se analizan las causas de la notable contracción de la actividad en el primer cuatrimestre la primera explicación que surge es que se debe al ajuste fiscal que llevó adelante el Gobierno desde que asumió. Sin embargo, no comparto que sea así, obviamente si se hace bajando el gasto público.

¿Por qué creo que es falso que una baja del gasto público sea recesiva? Porque existen 4 formas para financiarlo:

  1. Con impuestos;
  2. Con deuda a través de la colocación de bonos en el mercado interno;
  3. Con deuda externa;
  4. Con emisión monetaria.

Si no hay déficit fiscal y el gasto se financia íntegramente con impuestos, el punto a tener en cuenta es que, si el Estado baja el gasto en 100 y al mismo tiempo reduce la carga tributaria en 100, no hay recesión posible porque al no cambiar el resultado no se produce el efecto de multiplicador de los panes y los peces.

Los 100 que gasta el Estado los deja de gastar el contribuyente que debe pagar los impuestos, cuando podía destinarlo a comprar un bien o un servicio, con lo cual hubiese aumentado la demanda, y contribuido a generar más actividad y más puestos de trabajo. Pero la demanda global (sector público más sector privado) se mantiene constante, aunque en el primer caso con peor asignación de los recursos productivos, porque el burócrata decide en qué se gasta sin conocer las necesidades, siempre cambiantes, de millones de consumidores.

Los 100 que gasta el Estado los deja de gastar el contribuyente que debe pagar los impuestos, cuando podía destinarlo a comprar un bien o un servicio

Ahora bien, si el Estado financia parte del gasto público con deuda interna, presiona al alza a la tasa de interés y desplaza a sector privado del mercado de crédito -crowding out-, que es justamente lo que viene pasando desde hace décadas en la economía argentina.

Ese crédito que podría tomar las familias para consumir o comprar una propiedad o una empresa para expandir su establecimiento, se ve limitado cuando el Estado entra en el mercado crediticio como un elefante en un bazar.

Si la Administración Central se financia con deuda externa, este es el único caso en el que puede generar mayor actividad en el corto plazo, porque le pide prestado al ahorrista japonés, chino, norteamericano o alemán para impulsar el gasto público. Pero en el largo plazo el contribuyente tendrá que pagar más impuestos para que el Estado pueda cancelar los intereses de la deuda que contrajo, asumiendo que se hace el roll over constante.

Finalmente, si el gasto se financia con emisión monetaria, si se baja el gasto y se deja de emitir, se deja de cobrar el impuesto inflacionario y se le devuelve poder de compra a la sociedad en su conjunto, con la reducción de la inflación, como se explica en The Endo of for Big Inflations.

Eso es lo que ocurrió en la corta vigencia del Plan Austral en 1985 y de modo más contundente en los 90 con la Convertibilidad.

CACHA 215

En el caso del Plan Austral, se pasó de una inflación mensual del 30,5% en junio de 1985, cuando fue anunciado, al 1,9% mensual cuatro meses después.

Con la Convertibilidad, la tasa de inflación en febrero 1991 había sido 27% mensual, se anuncia en marzo y entra en vigor en abril y ya en agosto había descendido a 1,3 por ciento.

El ajuste sobre el sector privado

El solo hecho de no emitir para financiar el déficit fiscal hubiese frenado la inflación rápidamente si el plan económico del Gobierno hubiese generado confianza en vez de esperanza. De ahí que el ajuste está recayendo sobre el sector privado, con caída de los salarios reales y baja del consumo.

Y para peor aumentó la presión impositiva sobre el sector privado, con la suba el Impuesto PAIS sobre las importaciones, el cual generó en abril ingresos al fisco por $510.247 millones, y evitó que el mes cerrara con un déficit primario de $ 245.585 millones y el financiero negativo de $493.553 millones. Claramente el “plan” económico del Gobierno es cepo dependiente e Impuesto PAIS dependiente.

Aumentó la presión impositiva sobre el sector privado, con la suba el Impuesto PAIS sobre las importaciones, el cual generó en abril ingresos al fisco por $510.247 millones, y evitó que el mes cerrara con un déficit primario

Si se revisan los datos para los tres meses anteriores, en enero el resultado fiscal financiero hubiese sido la mitad y hubiese tenido déficit de no haberse postergado el pago a Cammesa para regularizar la deuda con las distribuidoras de energía eléctrica, al igual que en febrero.

En marzo, sin el aumento de la presión impositiva, el resultado financiero hubiese sido un déficit de $120.449 millones. Es decir, aun con licuación de jubilaciones y postergación de pagos, sin la mayor carga impositiva sobre el sector privado, los números fiscales hubiesen dado mal en marzo.

Además, “pisar el tipo de cambio” afecta las exportaciones y no le da una salida a la actividad, porque, por ejemplo, el productor de soja exporta a un dólar de $615 por el intervencionismo estatal y las retenciones, y debe pagar por insumos importados a un tipo de cambio de $1.063 con el Impuesto PAIS; en tanto la inversión va a llevar su tiempo para llegar.

Es decir, de los tres motores que tiene la economía: consumo, inversión y exportaciones, ninguno de ellos funciona.

En síntesis, no haber salido del cepo rápidamente y seguir con un ritmo de devaluación muy por debajo de la tasa de inflación llevó la economía a un brutal estado de recesión del cual no se ve de qué forma se va a salir.

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